Cuando en el debate político se afronta el tema del medio ambiente, suele salir a pasear uno de los grandes defectos de la mentalidad española: su tendencia a la simplificación en una de sus modalidades, el maniqueísmo. De este modo, para cierta izquierda dogmática cualquier defensa del medio ambiente debe basarse en un purismo que niegue totalmente la intervención del ser humano y del mercado, y por añadidura, una condena extrema del capitalismo como sistema explotador que nos lleva al desastre; por otro lado, para cierta derecha neoliberal y corta de miras, se debe dejar total libertad a la relación entre el ser humano y la naturaleza, una relación por supuesto que protagonizan las grandes multinacionales y que nada debería limitar.

Ambas posiciones, en nuestra opinión, están equivocadas: la primera porque ignora el realismo de lo que existe, y por tanto, su reduccionismo verde es inviable desde los presupuestos que todo análisis debe asumir; la segunda, lo está también, porque cae en un reduccionismo economicista que ignora el problema real de la falta de sostenibilidad de un modelo de crecimiento donde la naturaleza sería destruida hasta el colapso final.

Como ya apuntaba Aristóteles, el sabio estagirita, la verdad está en ese justo término medio que no es universal, y al que sólo podemos acceder sumergiéndonos en cada caso concreto. Es, en verdad, la gran intuición del buen realismo: los matices no se dejan reducir por la complejidad de lo que llamamos realidad.

Cuando en el debate político se afronta el tema del medio ambiente, suele salir a pasear uno de los grandes defectos de la mentalidad española: su tendencia a la simplificación en una de sus modalidades, el maniqueísmo

Frente a lo anterior, queremos explorar una tercera vía: un bionacionalismo canario del s. XXI debe defender un realismo energético como modelo de transición a un futuro donde las energías renovables son la estación de llegada y única salida a una globalización sostenible. Este gobierno nacionalista canario está apostando por la energía eólica, y a la vez, debe optar por modelos que hagan viable nuestra economía, teniendo en cuenta siempre que sólo una Canarias limpia con energías renovables es el ideal al que tenemos que orientarnos. Dicho en una fórmula: bionacionalismo y realismo energético.