El presente y el futuro de Canarias está entrelazado con el de España y Europa. Esta afirmación admite, sin embargo, varios planteamientos políticos que implican responder a preguntas como éstas: ¿qué organización del Estado elegimos? ¿Por qué idea de Europa apostamos? Canarias, Comunidad Autónoma con unas singularidades evidentes, y como región ultraperiférica (RUP) reconocida legalmente en la Unión Europea, necesita tener una opinión propia sobre estas cuestiones —algo que será consecuencia de un debate político y social necesario—. Queremos, pues, intervenir en él clarificando este sintagma, «España federal», desde la perspectiva más adecuada a nuestro contexto: ese aquí y ahora en el s. XXI que es Canarias.

Hay siempre en estas reflexiones una ambigüedad inherente que debe resolverse, el no hacerlo cronifica un lenguaje aparentemente común, pero que nos lleva a la confrontación permanente por su falta de rigor. Como ven, la claridad no es sólo una cortesía orteguiana del filósofo, sino algo más: la decisión de partir de un lenguaje compartido al inicio de cualquier debate individual y social.

Es un tópico ya que el problema territorial es uno de los problemas más graves que debe afrontar la democracia española; a la espera de la voluntad y situación política que lo aborde, interpretamos estos dos conceptos unidos: España y federal. De este modo, y siguiendo la Constitución vigente desde 1978, España es la única nación política soberana, pero alberga en sí una pluralidad y diferencia cultural que debe ser reconocida: éste sería el sentido de introducir el concepto de naciones culturales1, o sea, que respetando esa unidad política simultáneamente se reconozca que no todas las partes de ese todo (España) son iguales desde otros puntos de vista: Historia, lengua o geografía; así, nuestro estado autonómico (un federalismo de hecho) se transformaría en un estado federal que reconoce su diferencia implícita.

Nuestra opinión sería que Canarias sea reconocida como una nación cultural y como región ultraperiférica, homologándola con su estatuto europeo; Canarias, una identidad que enriquece ambos proyectos históricos: España y Europa.


1 Sabemos de la reticencia de admitir el concepto de nación cultural, por el automatismo de pensar en nación como nación política –todos somos hijos de Westfalia en la modernidad política–. No es tema de este artículo, pero el proyecto histórico de la Unión Europea y la globalización imparable del s. XXI apuntan en esta dirección: la relativización, desde perspectivas diferentes, de lo que significa nación política y de su soberanía inherente, antaño innegociable. Asumido lo anterior, cabría diferenciar nación política y nación cultural desde nuestra interpretación.