El vínculo entre la realidad y lo ideal –el ser y el deber ser– se puede comprender de tres formas principales: como realismo, aquí se afirmaría la primacía de lo real por el mero hecho de su ser consumado, o sea, el hecho propio de existir; como idealismo, donde se absolutiza un ideal moral y/o político, y desde ese criterio, se enjuicia la realidad según su mayor o menor aproximación al ideal que se profesa; y finalmente, una tercera opción donde nos situamos: el realismo con ideal, que asume la realidad críticamente, desde un ideal que se asume como horizonte moral y/o político, aunque imposible de realizarse plenamente por su naturaleza.

A esta tipología, hay que añadir la diferencia entre lo coetáneo y lo contemporáneo: con lo primero nos referimos a aquello que convive temporalmente; sin embargo, lo contemporáneo señala aquello que es novedoso y que singulariza el presente históricamente. Todos vivimos en el s. XXI, pero pocos tiene olfato para saber aquello que lo define.

Coetáneo ≠ contemporáneo

Desde lo anterior, utilizando esa caja de conceptos, se entiende el título: «Canarias contemporánea». En el ámbito político: una de las características actuales más interesantes es la fragmentación del voto que refleja el electorado canario, una de las consecuencias del nuevo panorama social que proviene de la crisis económica que nace en el 2008. Todo ello nos lleva a hacer dos afirmaciones:

La primera es que el tiempo político de las mayorías absolutas se ha acabado, o sea, ningún partido político puede actuar desde la pretensión que será posible gobernar desde esa fuerza mayoritaria, y esto está relacionado con una corriente profunda que ya apuntó la postmodernidad, el final de los grandes relatos, o, dicho de otro modo:

Está naciendo el tiempo de las micronarraciones individuales en todo los ámbitos, también en política: la fidelidad ideológica está en declive, al igual que la amorosa, pero seguiremos votando.

La segunda está conectada con la anterior, ya estamos instalados en un tiempo político de alianza e hibridación ideológica, que condiciona las decisiones tácticas y estratégicas de cada partido en el actual parlamento de Canarias, y de aquellos que están fuera de él, pero que saben que en las próximas elecciones tienen muchas posibilidades de ser parte del mismo.

Una precisión: esto no es comparable a un tiempo de coyuntura política donde gobiernan dos o más partidos, ¿por qué? Porque vivimos en un tiempo de hibridación ideológica que la nueva ciudadanía protagoniza, y esto es algo más complejo que el hecho de ser plural.

Un ejemplo: hay votantes nacionalistas, que simultáneamente se consideran ecologistas y/o animalistas; por ello, el partido político nacionalista que sepa incorporar esa identidad ecologista y/o animalista en su mensaje, captará mejor ese espectro de voto. El que mejor combine, se hibride, gana.