La historia política de Canarias tiene, en gran parte, esa clave de lectura: la tentación del insularismo. La rivalidad que degenera en prejuicio entre Tenerife y Gran Canaria, y, por extensión, entre las dos provincias y sus capitales respectivas, ha desarrollado bastantes episodios tristes que, casi siempre, son callejones sin salida.

Sin negar el derecho y el orgullo de cada canario por su isla, es más, integrándolo en ese todo que es Canarias, debemos desarrollar esa visión y sensibilidad de aquello que nos une, por encima de sacralizar aquello que nos diferencia. Canarias es algo más importante que esa manía de diferenciarnos; justamente, es aquello que nos define como pertenecientes a una misma historia, geografía y cultura:

La identidad que nos conforma

desde una perspectiva nacionalista

Por eso, lamentamos la insistencia en la confrontación continua, en la búsqueda de agravios sin sentido, del presidente del Cabildo de Gran Canaria: Antonio Morales. Mucho más cuando se representa, se supone, un partido nacionalista canario: un error. La paciencia, el buen estilo del actual presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, le honra.

Saber contemporizar, dotarse de la templanza cuando lo fácil es caer en un extremo, implica algo que lo define. No es casual que Fernando Clavijo haya sido alguien que ha logrado dar la vuelta a las relaciones Canarias/Madrid, lo ha hecho porque posee algo que es un intangible, y tan importante en los buenos negociadores:

No dejarse llevar por el impulso, saber que el cortoplacismo es lo contrario de una visión a medio y largo plazo.

Y sobre todo, algo que todo nacionalista debería saber: Canarias es el conjunto de sus islas, y algo más, aquello que las une. Al menos, para aquellos que apostamos por una ideología: el nacionalismo canario en el s. XXI –ojalá otros tomen nota, más allá de la exclamación continua–.