Desde que irrumpiera la Gran Recesión en el 2008, el escenario político español ha estado monopolizado por afrontar esta crisis nacional y global que, queramos o no, desnudó las carencias de la joven democracia española.

Varios sucesos se han entremezclado y sucedido: cayó el gobierno del PSOE de Zapatero, en gran parte, por su respuesta tarde y mal al estallido de la crisis; han aparecido nuevos partidos políticos, Podemos y Ciudadanos, que se suponía iban a dar un aire fresco a la política española; gana las elecciones con mayoría absoluta el primer gobierno del PP de Rajoy, inmerso en una corrupción estructural, y logra frenar (evitando ser intervenidos) los efectos más catastróficos de la crisis en la economía nacional; y en una segunda cita electoral, vuelve a ganar las elecciones en minoría el gobierno del PP de Rajoy, después de otra cita donde es imposible la gobernabilidad; finalmente, estalla la crisis de Cataluña, protagonizada por un gobierno autonómico que, violando todas las leyes y procedimientos democráticos, se desconecta de la legalidad vigente, proclamando la República de Cataluña.

Aquí nos hallamos, sin entrar en el detalle ya de lo más inmediato, y con la firme convicción de que se avecina una reforma constitucional donde se abordará la organización territorial del Estado, un problema histórico que sigue pendiente; por ello:

¿Cuál debe ser el papel de Canarias en esa futura reforma constitucional?

Y, más específicamente, ¿qué opción debe elegir el nacionalismo canario de Coalición Canaria (CC) en este nuevo escenario reformista?

Enunciaremos una idea al respecto que merece ser debatida:

Canarias debe ser reconocida como una nacionalidad en la nueva organización federal (que implica siempre, una lealtad en ambas direcciones) que se implemente en la Constitución española, con el reconocimiento del estatuto de Región Ultraperiférica, con todas las consecuencias que ello conlleva.

Una identidad basada en una diferencia cultural que recuerde aquello que ya afirmaba el historiador de nuestra tierra, Antonio de Béthencourt Massieu:

«Canarias tiene el doble de rasgos diferenciales que Cataluña, por ejemplo, de modo que si Cataluña es una nacionalidad, Canarias debe ser doble nacionalidad […] Si se lee la historia insular, surgen signos de identidad, van brotando, salen solos y, además, a montones…»1

Por otro lado, concretar constitucionalmente el hecho de ser Región Ultraperiférica (RUP), es una necesaria homologación a ese estatus que ya nos reconoce la Unión Europea (UE) como tal RUP. Es más: como se ha recordado algunas veces, Canarias es la única región española cuyas características estructurales, sociales y económicas han sido recogidas en el derecho primario de la Unión Europea. Un apuesta realista y ambiciosa a la vez, dentro de otras medidas estructurales que organicen la relación del todo y las partes desde una perspectiva federal.

El acuerdo mayoritario para introducir estos cambios en la máxima norma, con las consecuencias económicas que ello conlleva, debe ser una guía para la brújula política de CC, y del nacionalismo canario: apuesta por un federalismo asimétrico, donde se evidencie esa identidad plural de España; en coherencia: reconocimiento de Canarias como nacionalidad; y a la vez, reconocimiento del estatuto propio de nuestra condición de Región Ultraperiférica (RUP), en homologación a la Unión Europea. Como siempre, una primera propuesta para el debate.


1 El 17 de noviembre de 1999, en las páginas del periódico La Provincia.