El Capitalismo y

los hipercríticos-I

Existe históricamente toda una serie de autores y argumentos falaces que, hipercríticos, defienden la abolición o destrucción del capitalismo como economía de mercado. La existencia de toda una evidencia empírica a su favor, o el fracaso absoluto de cualquier economía planificada en los llamados países comunistas, no les sirve de contrapunto.

Marx sigue siendo una nostalgia demasiado contagiosa para que puedan pensar desde otros presupuestos. Lo dicho anteriormente no es contradictorio con el reconocimiento de los problemas estructurales y otros nuevos que van surgiendo en la historia del capitalismo, pero sí nos indica algo a cualquier tipo de análisis: el reconocimiento de la complejidad implica la crítica de cualquier utopía política y/o económica. La perfección no es humana, ni es un ideal a seguir en el plano político o económico –aunque pueda ser discutible en otros ámbitos, por ejemplo, en el moral–.

Xavier Sala i Martín publicó hace ya bastante tiempo un interesante libro de divulgación sobre esta temática: Economía liberal para no economistas y no liberales, Plaza y Janés, Barcelona, 2002, (ahora reeditado en 2017) donde desmontaba con rigor los supuestos argumentos en contra de la globalización y del capitalismo como economía de mercado.

De este modo, el autor argumentaba que defender una economía de mercado no es negar la importancia del Estado; hay, al menos, cuatro ámbitos donde éste es necesario en su vínculo con el capitalismo: la defensa de los derechos de propiedad; la garantía del mantenimiento de la competencia entre empresas; la provisión o la regulación de la producción o del consumo de bienes (los hay de tres tipos: los bienes “públicos” en sí; aquellos cuyo consumo o producción afecta a terceras personas, son bienes sujetos a “externalidades”; y los bienes “públicos”, que pueden consumirse o aprovecharse de forma privada –por ejemplo, las carreteras–); y, para finalizar, el establecimiento de las reglas y condiciones que aseguran la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos, que no de resultados –matiz muy importante–. Seguiremos.

  • Marianne ortun

    Creo que el Capitalismo extremo es nefasto , pues el valor de lo social puede quedar opacado por el interés de las condiciones del Mercado global, el comunismo Marxista es irreal porque no ayuda adecuadamente al hombre en el desarrollo de su capacidad de ambición innata, para mi el modelo ideal económico es una mezcla de ambas tendencias en donde las estructuras de los países velen por una asistencia y promoción del trabajo como creación de riqueza, y donde los ciudadanos puedan tener un nivel de vida amparado por la justicia y la igualdad de oportunidades dentro del marco laboral. La riqueza para todos , quizás no sea posible, pero la pobreza de oportunidades puede llevar a los ciudadanos de cualquier Estado a la fiera competitividad y deshumanización que es connatural al Capitalismo extremo.