El escenario actual de la crisis catalana está provocando una hipercrítica de la ideología nacionalista; es más, se desarrolla una simplificación intencionada del nacionalismo, para después hacer una evaluación negativa donde todas las modalidades nacionalistas quedan estigmatizadas. Por ello es tan importante analizar esta cuestión desde un realismo con matices: ni el nacionalismo es unívoco; ni el nacionalismo canario es el catalán, el vasco o el gallego; ni el bipartidismo centralista puede dar lecciones de patriotismo desde su reciente pasado en la democracia española; finalmente –es nuestra tesis de fondo–, Coalición Canaria (CC) ha desarrollado un nacionalismo europeísta que, si sabemos explicarlo, es un modelo para el nacionalismo del s. XXI.

Empecemos: el nacionalismo canario ha sido siempre un nacionalismo constitucionalista, por eso, la actual deriva secesionista catalana es un fenómeno que no es compartido, ni apoyado por la mayoría social de la ciudadanía canaria.

Dicho esto, la memoria es corta cuando se trata de patriotismo, ¿no fueron los sucesivos gobiernos socialistas y populares los que apoyaron el pujolismo, ausentándose en Cataluña, mirando para otro lado, a cambio de su voto en Madrid? Y sin embargo:

En todas las crisis de la democracia española, CC ha estado donde tenía que estar: siendo coherente con su naturaleza constitucionalista, o sea, con su condición demócrata por encima de cualquier otro cálculo.

Hace unos días, Fernando Clavijo, el presidente nacionalista del gobierno canario, ha logrado convencer a la Unión Europea de una idea fundamental: «lograr una mejor consideración de las RUP en las políticas europeas». Y sí, lo puede hacer el nacionalismo canario que sabe algo que, desde el centralismo político y mediático, se obvia:

Canarias ha sido reconocida en su singularidad como RUP (Región Ultraperiférica) hace tiempo por la Unión Europea, aquí en la constitución española seguimos esperando.

Hay que tener cuidado cuando se critica todo tipo de nacionalismo: Canarias es un ejemplo de lealtad constitucional y de vocación europeísta, aunque en Madrid no se den por aludidos.