El Capitalismo y

los hipercríticos-II

Una vez sabido lo anterior, Xavier Sala i Martín estructura en cuatro grandes campos los argumentos críticos de la globalización: la globalización destruye o hace imposible la democracia; estimula la explotación infantil; destruye el medio ambiente a escala planetaria; y, por último, el argumento principal: incrementa las desigualdades de renta y, por tanto, aumenta la desigualdad y la pobreza necesariamente. Ninguno de los cuatro argumentos se sostiene, y por razones de espacio, sintetizaré sus respuestas sobre el último argumento, tan repetido en foros y grupos antiglobalizadores.

Cito directamente de la exhaustiva recensión de Luis M. Linde sobre la obra que estamos comentando; empezamos por la pobreza:

«Según cálculos del propio Sala, la población con ingresos inferiores a un dólar USA diario de 1985 (500 dólares anuales de 2002), es decir, la población en situación de miseria extrema, al límite, prácticamente, de la subsistencia, pasó del 20% del total mundial en 1970 al 5% a finales de los años noventa. Si, en vez de un dólar, tomamos la referencia de dos dólares USA diarios de 1985 (1.000 dólares anuales en 2002), los pobres pasaron del 44% de la población mundial al 18%. Las estadísticas disponibles nos dicen, así pues, que durante los últimos treinta años la pobreza en el mundo ha disminuido de forma significativa. Que esto sea aún muy insuficiente (una renta per cápita de 1.000 dólares USA es, evidentemente, muy baja) y que las situaciones de extrema miseria que existen, muy por debajo de ese umbral, provoquen auténtico escándalo moral es otra cuestión, y ambas consideraciones son perfectamente compatibles entre sí».

«Economistas contra globófobos», Luis M. Linde, Revista de Libros, Septiembre, 2017

Y si nos referimos a la desigualdad:

«Medir la desigualdad es más complicado que medir la pobreza y los resultados de cualquier análisis, sea cual sea el método utilizado, están más abiertos a la ambigüedad, a la interpretación y, por ello, a la discusión. Cuando se dice que la globalización incrementa la desigualdad, se puede estar diciendo dos cosas distintas : que aumenta la desigualdad entre países (como si la renta per cápita de cada país fuese, digamos, la renta de una persona, sin distinguir si el país tiene uno o mil millones de habitantes), o que incrementa la desigualdad entre personas (considerando rentas per cápita de segmentos de la población mundial, sin distinción de nacionalidades: por ejemplo, los 500 millones más pobres comparados con los 500 millones más ricos, o los 100 millones más pobres comparados con los 10 millones más ricos, o cualquier otra combinación que mida la dispersión de rentas entre diferentes segmentos de la población mundial). Por supuesto, también pueden estar diciéndose las dos cosas a la vez. Pues bien, mientras que los datos confirman que la desigualdad entre países ha aumentado en los últimos treinta años, no parecen confirmar, según Sala –había ya estudios del Banco Mundial que llegaban a resultados similares–, que haya aumentado también la desigualdad entre personas, que es, parece obvio, la que más nos tiene que importar».

Ibid.

En conclusión, y como muestra contundente frente a este argumento antiglobalizador:

«La explicación es sencilla. Durante los últimos veinte años, varios de los países más poblados de la tierra –entre ellos, sobre todo, China, pero también India y algunos otros países asiáticos (que suman más del 50% de la población mundial)– han aumentado su renta per cápita a una velocidad muy superior a aquella con la que han aumentado la suya los países más ricos, de forma que, en términos comparativos o relativos, se ha producido una mejora notable y rápida para una parte muy importante de la población mundial. Que la distancia entre la renta media del conjunto de los países más ricos (salvo algunas excepciones, los que integran la OCDE) y la renta media de, digamos, los veinte países más pobres se haya ensanchado considerablemente no puede producir, como es obvio, ninguna satisfacción. Pero mucho más significativo es el hecho de que la renta media de, pongamos, los mil millones de personas más pobres del mundo es, hoy, una proporción mayor de la renta media de los mil millones de personas más ricas que hace treinta años. Dicho de otro modo, la renta media de los mil millones más pobres no sólo es considerablemente superior (en términos reales, por supuesto) a la de hace veinte o treinta años, sino que, además, está a menor distancia relativa de la renta media de los restantes cinco mil millones que tienen más renta que ellos.

En todo caso, es cierto que una parte no pequeña de la población mundial sigue en una miseria espantosa, cuando no en el límite de la supervivencia. Sin embargo, el argumento según el cual la globalización sería la responsable de la desastrosa evolución económica de algunos países, sobre todo en África, sencillamente no tiene fundamento y, según cómo se exprese, puede llegar a ser un verdadero disparate. La desgraciada evolución de los países más miserables no viene de su participación en la globalización, sino de todo lo contrario, de su no participación. De hecho, los países emergentes y en desarrollo de mayor crecimiento económico y de mejor evolución en sus índices de bienestar social (mejoras en la educación, en sanidad, en seguridad, etc.) durante los últimos decenios son, en general, aquellos que más han participado en la globalización (midiendo esta participación por su apertura al exterior: por ejemplo, la suma de exportaciones e importaciones respecto a PIB, o la proporción de inversiones extranjeras a PIB)».

Ibid.

A pesar de todo, seguirán los hipercríticos en su campaña permanente contra el capitalismo. El rigor nunca está de moda.