Hay algo que debemos a todas las crisis, sean individuales o colectivas: nos acaban desnudando, lo queramos o no. Hay un relato buenista y malintencionado que venía contando el nacionalismo catalán y sus compañeros de viaje: Cataluña era un país donde reinaba la concordia, una sociedad bilingüe respetuosa con toda su pluralidad; en verdad, su capital Barcelona, era una de las ciudades globales del turismo internacional desde la eclosión de la Olimpiada 92, de ahí que el pujolismo fuera esa ideología transversal donde «todos se podían identificar».

Como un mantra repetido mil veces, se asumió este relato desde el resto de España, mientras un bipartidismo (los sucesivos gobiernos del PP y del PSOE) sacaba rédito del apoyo parlamentario del partido de Jordi Pujol –uno de los presuntos corruptos más graves, incluida su familia entera, de la democracia española–.

Este relato simplificado pero cierto, ha demostrado ser un relato falso, y lo más importante, un relato que nos ha hecho cómplices de la evolución y deriva totalitaria de un secesionismo que, finalmente, ha enseñado su rostro.

Sí, el pujolismo ha sido la matriz de todo lo que estamos asistiendo, estupefactos por la combinación de fanatismo y fervor en una parte de un país democrático, europeo y del primer mundo.

Muchas veces, mejor que una serie de argumentos, la evidencia de una víctima de lo que está pasando en Cataluña, vale más que nada: se trata de la directora de cine, Isabel Coixet:

«Nos están echando de Cataluña. Por mi cabeza ronda muchas veces la idea de irme de Cataluña. Si uno se va es porque le echan. Quizás lo único que de una manera infantil me frena es la satisfacción que le voy a dar a algunos» (…). «En Barcelona, ahora mismo, es muy difícil respirar y pensar», dice Coixet que denuncia y el acoso que ha sufrido ella y otras muchas personas por decir en voz alta lo que piensan. «Yo soy una persona de matices y lo que estamos viviendo ahora es una situación en la que parece que no caben los matices. Te meten en la categoría de gente non grata a pesar de que yo me manifieste contra la brutalidad policial del 1 de octubre. Pero no solo a mí. Nos están barriendo y no es cosa de ahora. Todo esto viene de hace mucho. Desde el momento en el que proclamas que el bilingüismo es un tesoro. En Cataluña ha habido mucho silencio durante muchos años, pero también una enorme desidia y falta de trabajo por parte del Gobierno del PP».

«Isabel Coixet: “Nos están echando de Cataluña”», Rocío García,

El País, 22/10/2017

Termino con un apunte revelador que intercala en un momento de sus declaraciones: «la esquizofrenia extraña» que el movimiento independentista ha logrado instalar en Cataluña. La realidad se venga siempre: no, el largo silencio en Cataluña no era el relato que nos habían contado.