Una de las ventajas de todas las crisis, sean individuales o colectivas, es que nos desnudan irremediablemente. De pronto, aquello que era síntoma o una señal cada vez más acusada, se exterioriza con toda su fuerza: nos mostramos tal como somos, más allá de lo que pensemos sobre nosotros mismos.

La mayor crisis de la democracia española, junto al fallido golpe de estado de Tejero, está sucediendo en estos momentos: el intento separatista del independentismo catalán, con el apoyo del populismo.

LENGUAJE Y EJERCICIO DEL PODER

Una de sus estrategias principales es el afianzamiento de un nuevo marco de lenguaje político, una tarea ardua y progresiva que el movimiento independentista catalán ha ido desarrollando en su asalto al Estado –por ejemplo: derecho a decidir, democracia, derechos humanos, opresión, presos políticos, o protesta pacífica–.

No hace falta haber leído a la sofística griega, o a Maquiavelo, para comprender que el lenguaje no sólo influye en el ejercicio del poder, sino que el lenguaje es poder, de ahí la importancia de quién establece el marco comunicativo en todo debate.

Frente a lo anterior, queremos reivindicar el porqué del nacionalismo canario en el Estado español. Ha estado donde tenía que estar con sensatez y lealtad, sin dejar de avisar que debe ser el diálogo político el que deberá solucionar este conflicto histórico que arrolla nuestro presente. Esta posición es el resultado de nuestra historia y geografía: un nacionalismo plural, diverso e integrador, reflejo de la sociedad canaria.

Hace tiempo, Fernando Clavijo apuntó una cuestión que debe ser repetida en esta época convulsa, llena de grandes simplificadores: «el nacionalismo no es malo, la uniformidad es lo que hace que la gente se sienta excluida», el nacionalismo puede ser «leal y reivindicativo», y por lo tanto «pedir que se nos trate distinto». Más claro imposible: la ciudadanía canaria debe saberlo, es el porqué del nacionalismo canario en España y Europa.