El punto guajiro: puente directo entre Cuba y Canarias,

una entrevista a Alexis Díaz Pimienta

Hay situaciones que unen al ser humano y, si no, que se lo digan a aquellos países que durante el siglo XIX y XX acogieron a miles de canarios que se veían forzados emigrar.

Una de las raíces más hermosas de esa fusión de ideas, costumbres, gastronomía y visión de conjunto es la de la música. El archipiélago canario y Cuba comparten raíces e historia, Canarias y Cuba tienen en el punto cubano uno de los vasos comunicantes más directos y profundos.

El punto cubano o guajiro se desarrolló en la Cuba desde finales siglo XVIII, en el XIX y el XX; precisamente, en los principales asentamientos canarios, o de ascendencia canaria del occidente y centro del país; ahí se desarrolló y cultivó en todos sus estilos; luego, las casas discográficas norteamericanos grabaron muchos discos recogiendo estos cantes; y, cuando muchos canarios regresaron a las islas a principios y mediados del siglo XX, se llevaron consigo estas grabaciones, de tal manera que quedaron en los campos canarios las voces y las décimas de las figuras más importantes del género; y así durante décadas. Cuando decayó el gusto por el punto en Cuba –y envejecieron o desaparecieron las figuras de esos discos–, en muchos puntos de Canarias, se seguían escuchando.

El punto cubano es un arte secular, en algunas culturas milenario, y apenas tiene tres décadas de estudios; y muchos de estos todavía son parciales, sesgados, confusos.

De esta manera y observando la gran repercusión que ha tenido en las islas nos trasladamos hasta 2017, a la actualidad, donde  Alexis Díaz Pimienta escritor, repentista, investigador y docente, así como director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada, y Sub-director del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado, nos acerca –un poco más– a este mágico género.

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REPENTIZACIÓN Y POESÍA

¿Cuál es la gran diferencia entre su trabajo y la poesía?

La diferencia esencial es, por una parte, el tiempo de ejecución; y, por otra, la esencia misma de ambas artes. Digamos de manera resumida que la poesía puede ser de todo, menos improvisada, y la improvisación puede ser de todo, hasta poética.

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VALOR

¿Qué valor artístico y literario considera que el punto cubano y las décimas aportan a la sociedad?

El punto cubano es el nombre específico de este arte en Cuba y en Canarias; yo prefiero hablar de improvisación poética, que es más abarcador, y engloba otras manifestaciones homólogas, equivalentes (la payada, la paya, la regueifa, el trovo, la trova, el bertsolarismo, etc.).

Valores artísticos muchos (musicales, teatrales, literarios), pero yo destacaría entre todos, el dinamismo  y la frescura comunicativas; la viveza y la agilidad mental, la revalorización del ingenio; en cuanto a valores literarios, hay que tener cuidado, porque no estamos hablando de literatura, sino de “oralitura”, como digo yo en mis libros y artículos; por lo tanto, los valores son otros; son valores estéticos más que literarios.

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SER REPENTISTA

¿Qué significa ser repentista?

Siempre dicho (aunque parezca un tópico) que ser repentista es una actitud ante la vida; o mucho más: es una actitud ante el lenguaje, ante el idioma; un repentista se enfrenta al lenguaje a la vez que se nutre de él y esto condiciona toda su estructura comunicativa y social.

Digamos que los no-repentistas sopesan y escogen las palabras que usan por su base semántica y su funcionalidad; los repentistas lo hacen por otros factores menos «prácticos», sin desechar estos dos; es decir, semántica y funcionalidad (aunque esta a veces la sacrifican), pero también su colorido, su musicalidad, su efecto sonoro, su estructura fónica.

Y esto significa mucho; y hace que ser repentista, saberse repentista signifique mucho; otra forma de interpretar la vida, y el arte como componente de esa vida interpretada (interpelada).

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EL PUNTO CUBANO

¿Cómo definiría el punto cubano?

¿Cómo definiría el punto cubano?, la improvisación poética es un arte universal y es la décima una estrofa con una curiosa historia de supervivencia y resistencia; y ambas, la improvisación y la décima actualmente –cuando dominan las nuevas tecnologías y el reino de la no-voz (SMSchats, whatsapp y otras hierbas), tan imperiosas como imperiales–, sonríen a dúo, no sabemos si irónicas o satisfechas, pero, eso sí, adaptadas a los nuevos soportes sin renunciar a su esencia volátil, efímera, la marca de la casa: la oralidad y el canto.

En Cuba, «repentismo», «punto cubano» o «punto guajiro», es como se le denomina al arte de la improvisación poética, un ejercicio de estilo agonal (canto amebeo) que se ha convertido con el tiempo en la más importante manifestación poética popular de la isla, fundamentalmente en ámbitos rurales. Tuvo su mayor auge y desarrollo en el occidente del país (fundamentalmente, Pinar del rio y Matanzas) pero hace varias décadas es un arte que se cultiva con fuerza en todo el país, gracias fundamentalmente a su presencia ininterrumpida en la radio y la TV.

A diferencia de otros países en los que se improvisa con distintas estrofas (cuartetas, quintillas, sextillas, octavillas, décimas), en Cuba la improvisación es monoestrófica: sólo se improvisan décimas y para su acompañamiento se usa el «punto», una forma musical en que se emplean básicamente instrumentos de cuerdas: laúd, tres y guitarra, acompañados por la clave y el güiro (aunque el güiro actualmente se usa menos). 

El «punto» mantiene casi invariable su forma primaria, siendo la más notable variación en su desarrollo la velocidad ejecutiva de los músicos, apoyada en virtuosismos personales. Incluso, ante la invasión tecnológica y la electrificación de guitarras, treses y laúdes en los grupos y conjuntos profesionales, los poetas repentistas guardan un tácito recelo; prefieren los instrumentos «de cajón» para sus performances.

Y de todos éstos, es el laúd el que comanda y guía el acompañamiento, sirviendo el tres y la guitarra como apoyatura musical. El toque del laúd es punteado, floreando e improvisando el laudista dentro del mismo punto: es él quien marca todos los cierres y las entradas de los interludios musicales. En cierto modo, el laudista comparte el protagonismo con los improvisadores, siendo mayor el vínculo que existe entre el laudista y los poetas que entre los poetas y los otros músicos. 

Existen tres formas de cantar y de tocar el punto guajiro: el punto fijo, el punto cruzado y el punto libre. El punto fijo se caracteriza porque el poeta tiene que cantar sus versos a un ritmo fijo dentro de la música, o sea, «a tiempo», sin variaciones de su medida ni su aire. Y en el punto cruzado la relación entre el canto y la música es contrapuesta, es decir, la melodía forma síncopas con el acompañamiento musical que marca el tiempo.

El punto libre, también llamado «pinareño» o «vueltabajero» por ser originario de Pinar del Río, en el occidente del país, es, como su nombre indica, un punto en el que el intérprete tiene plena libertad para cantar, y es, por excelencia, el empleado para la improvisación en controversias. Es en el punto libre en el que el poeta repentista se siente más cómodo para improvisar, ya que le permite la enunciación del texto libremente, sin la obligatoriedad dictada por la música. Para ello se utiliza la llamada «tonada libre», que aunque es siempre la misma, cada poeta la adorna o modifica según su gusto y capacidad interpretativa.

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REFERENTES

¿Quién le ha servido como referente y que le ha aportado como artista?

En el mundo del repentismo mis mayores referentes son El Indio Naborí (Jesús Orta Ruiz) y Francisco Pereira (“Chanchito”); fueron no solo mis amigos, sino mis maestros, sin proponérselo, sin documento alguno que acredite el pupilaje (algo típico en la oralitura).

Naborí me enseñó la posible y pertinente convivencia entre la oralidad y la escritura, entre la improvisación y la poesía; y Chanchito me enseñó la posibilidad de ser repentista con altas dosis de responsabilidad estética; me enseñó que la improvisación, el repentismo, podía ser un arte sin límites para la creación lingüística; me enseñó a respetar la improvisación del mismo modo que un pianista respeta la música, un pintor la pintura, un escritor la literatura.

Y en el campo de la investigación y el trabajo docente uno de mis maestros es Maximiano Trapero, la primera persona que confió en mí a niveles académicos y que, todavía hoy, sigue siendo profesor, asesor y cómplice.