El síndrome del emperador

Parte I

Las alarmas están sonando desde hace mucho tiempo: en el sistema educativo, en los juzgados, y sobre todo, en los hogares donde se está produciendo una oleada de violencia silenciosa que está creciendo imparable. Cuando existe un problema, el primer paso es reconocerlo y evaluarlo en toda su complejidad. Javier Urra, psicólogo, escritor y forense en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y Juzgado de Menores desde 1985, adelantaba algunos datos al respecto en un interesante artículo periodístico:

«(…) un problema que, sólo en España, se ha duplicado en los últimos cinco años. Las denuncias de padres a hijos ante la justicia han pasado de las 2.500 emitidas en 2012 a las 5.000 de la actualidad. El 60% de los casos los destinatarios de las denuncias son hijos varones. Las mujeres que agreden son un 40% y, según los expertos, la violencia es sobre todo psicológica. En el caso de los padres, los datos indican que la madre sufre las agresiones de los hijos en un 100% de los casos.»

«Motivos por los que se han duplicado los casos de violencia de hijos a padres», Raquel F-Novoa, ABC, 29/08/2017

Un problema social que sigue estigmatizado por la vergüenza de los padres: vergüenza de tener que llegar a ese límite de denunciar a sus propios hijos; vergüenza de no haber puesto límites en el momento preciso, creciendo éstos como dictadores cada vez más peligrosos; o vergüenza de saber que su entorno, y en general la sociedad, piensen que han sido padres que se han desentendido de la educación de sus hijos, y que sufren en consecuencia el mal que ellos mismos han creado. Justamente por ello, es tan importante el conocimiento de las causas que llevan a desarrollar el tristemente famoso ya síndrome del emperador. Seguiremos.