MANUEL HERMOSO ROJAS

Hoy tenemos el privilegio de entrevistar a D. Manuel Antonio Hermoso Rojas: lagunero e historia viva del nacionalismo canario –sin él, sería imposible comprender un proyecto como Coalición Canaria (CC)–.

Ingenio Industrial, y un conocedor en profundidad de España y de Europa, supo concretar esa visión abierta e integradora de lo que debe significar el nacionalismo canario moderno.

Fue alcalde de Santa Cruz de Tenerife entre 1979 y 1991, vicepresidente entre 1991 y 1993, y el cuarto presidente de la Comunidad Autónoma de Canarias entre 1993 y 1999, y sobre todo, alguien que nos conquista nada más conocernos.

Son las 11.00: entramos lentos en el Hotel Mencey, y comprendemos inmediatamente el carisma que va irradiando con su hablar pausado. Ya sentados, la entrevista se convertirá en un torrente de ideas y anécdotas que intentaremos iluminar en esta conversación.

Como siempre, leer es un placer que requiere lentitud: disfruten con D. Manuel Hermoso en este fragmento de una biografía apasionante que es, también, la de la Canarias contemporánea.

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FORMACIÓN

Empezamos esta entrevista sumergiéndonos en su vida, y recordando aquel ingeniero industrial que estudió en Barcelona, trabajando luego en Bilbao, o París; y también aquel Manuel Hermoso, que instalado profesionalmente en Vigo, regresa por un deber íntimo tras la muerte de su padre (malagueño) a su tierra natal, Canarias, con su familia (esposa y tres hijos): ¿qué le influyó de esa formación y experiencia para su inicio en la actividad política? ¿No está ahí el germen de ese europeísmo que impregnaría su modernización del nacionalismo canario?

Pues sí, efectivamente, qué duda cabe de que para mí fue enormemente importante la vivencia de esas experiencias; por más que hay que decir una cosa: Canarias, concretamente, Santa Cruz de Tenerife –la ciudad que yo conocía–, es un sitio muy abierto al mar. Es decir, para nosotros –aquí– no es extraño ver llegar barcos que vienen con franceses, ingleses, alemanes, holandeses, sudamericanos… Continuamente, hemos estado en contacto –relacionados– con todo lo que es Europa y América… Con lo cual, partimos de que los que nos hemos formado aquí, tenemos una cierta tendencia a ser personas abiertas al mundo.

Cuando yo me voy a estudiar a Barcelona, en definitiva, me estoy yendo a estudiar al sitio más europeo de España. Barcelona es casi París. Recuerdo que la gente se iba de excursión a Francia a ver películas pornográficas. Estar en Barcelona era estar en Francia. Esa experiencia para mí, juntamente con la que después tuve en Madrid, trabajando en Vigo, en Bilbao, en París, fue, sin lugar a dudas, vamos a decir «el sello» de contraste de mis aficiones universales, europeas; y esa parte, efectivamente, me marcó en lo que sería mi visión de la vida y, por supuesto, en su aplicación a la política.

Mis ideas eran fundamentalmente de apertura hacia el exterior, de ir en contra de la endogamia de la que, posiblemente, pequemos mucho los isleños. Somos introvertidos, somos ombliguistas; y, sin embargo, yo tuve la suerte de poder tener esa formación y completarla con mi presencia en la península de esta forma que he dicho y esto me permitió «abrirme al mundo» –incorporarme al mundo moderno–.

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INTUICIÓN POLÍTICA

En el origen de Coalición Canaria confluyen diferentes factores, algunos coyunturales y otros no; más allá del debate de su nivel de planificación, ¿cuál cree que fue el gran acierto de su intuición política para el nacimiento de Coalición Canaria en 1993? ¿De qué logros y avances para Canarias está más satisfecho en su fructífera carrera política?

Yo creo que hay un elemento fundamental que a mí me influyó positivamente, y es el hecho de que somos islas. Es decir, la gente cuando piensa en Canarias, piensa en un territorio continuo, no se da cuenta de nuestro fraccionamiento, y ciertamente, somos un archipiélago alejado; pero somos un archipiélago y la isla nos marca mucho. Yo recuerdo, cuando vine aquí y, en mi necesidad de buscar trabajo, viajé por las islas y me daba cuenta de lo que marcaba a la gente su isla.

Es decir, el gomero era gomero, el herreño era herreño, el grancanario era grancanario… Después, también era canario, pero, empezamos por ser isleños y, después, el sentimiento se extrapolaba al resto de las islas y se sentía la canariedad, tanto más cuanto más alejado estabas de las islas.

O sea, si tú ejercías de herreño en Barcelona, eras «canario herreño», pero, si estabas en El Hierro, tú eras «herreño»; y eso nos marca a todos, y creo que trasladar esa idea a la política era fundamental, porque no se puede ir en contra de los sentimientos de la gente.

Esto es, tú no puedes tratar de imponer un nacionalismo visto «desde arriba». Si tú no palpas la realidad de nuestras islas y le das la consistencia que tiene sentimentalmente –lo cual es difícil evaluarlo, pero hay que intentar identificarse–, tú no estás acertando lo que es la política de Canarias.

Por eso, yo tuve la suerte de poder hacer algo que para mí fue fundamental y es, desde el Gobierno nacionalista que yo presidía, realizar las transferencias a los Cabildos de aquellas competencias sobre las que los Cabildos tenían la capacidad de poder tomar decisiones más afortunadas que las que se pudieran tomar desde el Gobierno nacionalista de todas las islas.

Entonces, a mí me pareció que era fundamental en lo que fue mi vida política, cuando tuve la oportunidad, –y la tuve, además, con la suerte de tener un presidente del Cabildo fantástico, que era Adán Martín–; pues, con Adán Martín en el Cabildo y yo de presidente, conseguí convencer a mi Gobierno –que era nacionalista cien por cien– de que había que trasladar competencias a los Cabildos en las que era mucho más racional que las decisiones se tomaran en la isla, que no, por el contrario, desde un Gobierno central.

En este caso, sinceramente, tengo que decir que esa situación me ha permitido ver cada vez con mayor realismo lo acertado que fue el tomar esa decisión. O sea, que no me imagino yo decidiendo desde Santa Cruz de Tenerife, cuáles son los problemas de carretera de, por ejemplo, La Palma. Esto es, me parece que ahí son los palmeros los que tienen que decir mucho y es el Gobierno, en su fase insular, el que debe dar solución a los problemas.

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NACIONALISMO CANARIO

Ha sido definido por Victoriano Díaz como «el creador del nacionalismo moderno canario» –frente a un nacionalismo africanista e independentista, por ejemplo, el d Cubillo–, y por ello, es muy importante que pueda explicar a las nuevas generaciones, y no tan jóvenes, qué implica esa posición: ¿podría resumir qué es Canarias para un nacionalista moderno canario, en palabras de su fundador? ¿Cuáles son, pues, las ideas fundamentales que todo nacionalista moderno canario debería asumir?

Quiero hacer un matiz: es absurdo hablar de fundador. Intentar ser el artífice de algo tan importante como esto sería una estupidez. Esto se conforma por la opinión y el trabajo y el esfuerzo de mucha gente, de muchos compañeros: que uno aporta una idea; otro aporta otra y, al final, se va configurando.

Incluso, te digo más: ¿qué será el nacionalismo canario? Lo que, en definitiva, quieran los compañeros que están trabajando por ello de base. Es decir, esto no puede ser una idea que nace y que se hace; sino que es una idea que se va adaptando a la realidad en cada momento de la vida –según los problemas que se plantean y según las necesidades–.

Pensar en que hay un proyecto nacionalista lanzado y parido por una serie de personas, etc., es estar alejado de la realidad. El nacionalismo se construye en cada momento, en función de las necesidades de los problemas, en función de la gente que está trabajando para ello. No hay un modelo. Porque, incluso, si habláramos de modelos, pues, están prostituidos. Es decir, el nacionalismo de Estado, que antes comentaba, el nacionalismo nazi, o el fascismo, está absolutamente prostituido; pero es que los nacionalismos de Cataluña o el País Vasco son consecuencia de un problema de egoísmo de esas comunidades, de la clase aburguesada, que ha creado ese nacionalismo en defensa de sus dineros.

Es decir, lo que quieren ellos es no dar; mientras que, en Canarias, el problema es totalmente distinto: El problema en Canarias es cuánto nos tienen que dar para poder nosotros vivir a un nivel mínimamente parecido.

Por lo tanto, el concepto de nacionalismo hay que verlo en Canarias desde otro punto de vista. Hay algo que a mí me parece enormemente expresivo y es que, estamos acostumbrados en televisión a ver el mapa de España y el mapa de Canarias: antes nos situaban en el Mediterráneo y ahora en el Atlántico; pero, claro, situados como nos han situado siempre, ha parecido que Canarias está «al lado» de Madrid, o de Málaga; ¡y no!, ¡y no! Realmente, hemos equivocado a todos los peninsulares con ese afán.

Es curioso porque este es un tema que me interesa decir: nosotros tuvimos la suerte de poder estar en Europa cuando se hizo el euro y, si se fijan ustedes, el euro es el único sitio en donde aparece Canarias –y todos los ultraperiféricos– en su sitio.

Es decir, precisamente, como consecuencia del problema que habíamos tenido en España, nosotros conseguimos que Europa tuviera presente a los territorios ultraperiféricos ubicados en cada uno de los sitios; ciertamente, el plano lo permitió; pero lo digo como anécdota porque, cuando la gente ve el tiempo, y ve el recuadro donde está Canarias, no se da cuenta de que hay que bajar mucho más para llegar a Canarias y de que la distancia entre El Hierro y Fuerteventura es casi la misma que entre Madrid y Lérida.

Es decir, esa idea falsa, que ha permitido ver continuamente eso, ha supuesto que la gente tenga también una idea falsa de Canarias, de que estamos ahí al lado, de que casi podíamos ir en coche y, sin embargo, antes les comentaba un detalle que es el de la chica esta que les decía que en una ocasión espetó: «tenemos que quedarnos a dormir esta noche para que a mi padre lo vean en el hospital»; pues esto es muy difícil hacerlo entender a los peninsulares y ese es uno de nuestros problemas más importantes, lo que obliga, en lo que es sanidad, lo que es educación, lo que es atención social, a dotar a todas y cada una de las islas, aunque la población pues sean veinte mil personas –son veinte mil personas, muy pocas, ciertamente–, pero es necesario que tengan las atenciones mínimas.

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DIFERENCIA DEL NACIONALISMO CANARIO

Cuando pienso en usted, siempre reflexiono sobre esta idea: el nacionalismo canario como un nacionalismo integrador, plural y moderno; aprovechando la situación en que estamos –la crisis de Cataluña–, proliferan discursos que abominan de todo nacionalismo. En mi opinión, un error: es el matiz lo que distingue cualquier realidad, y en nuestro caso, el nacionalismo canario es diferente por historia, geografía, cultura y génesis de los nacionalismo vasco, catalán o gallego, ¿estaría de acuerdo con esta reflexión desde su protagonismo histórico? ¿No es hora de reivindicar la diferencia del nacionalismo canario frente a otros nacionalismos peninsulares (sobre todo, vasco y catalán)?

Sí, además incluso, yo diría que el compararnos con los otros nacionalismos resulta hasta ofensivo; porque pudiera parecer que nuestro nacionalismo es, también, cicatero: «no queremos dar», no, no, no; nuestro problema es que tenemos que recibir, que tienen que compensarnos, no es que no queramos dar, que es lo criticable en todos esos nacionalismos, la falta de solidaridad.

A nosotros, ¿cuánto nos dan? y ¿quién nos da más? Por eso, lo importante para nosotros ha sido pasar a depender de Europa; porque, para Europa, que es –en definitiva– nuestra última patria, para Europa salimos mucho más barato que lo que podemos salir para España.

Para España somos un 5-4’5%, mientras que para Europa no llegamos al 1%. El solo hecho de que nosotros dependemos y tenemos que recibir es el que nos obliga a que nos den y estemos exigiendo, reclamando que nos den, pero no porque nos sobre, no porque queremos más, sino porque queremos tener las mismas soluciones a los problemas que tiene cualquier territorio peninsular. Es fundamentalmente –otra vez– el hecho de ser un archipiélago –y alejado–.

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SINGULARIDAD CANARIA

Alguna vez ha dicho lúcidamente sobre la visión del Archipiélago desde la península, «nos quieren, pero no nos conocen», y con ello ha insistido en la diferencia de Canarias, en su asimetría frente a otros territorios y pueblos de España: ¿cuál es la singularidad canaria que debemos explicar aquí en nuestra tierra, y sobre todo, en la península, y en Europa?

Pues sobre la frase esa de «nos quieren, pero no nos conocen», yo añadiría más: «no nos conocemos»; es decir, usted haga un sondeo en la isla de Tenerife: ¿cuántas personas próximas conocen Gran Canaria? No estoy hablando de su ámbito socioeconómico –hablo de la gente, a pie de calle–.

Si tú no palpas la realidad de nuestras islas y le das la consistencia que tiene sentimentalmente –lo cual es difícil evaluarlo, pero hay que intentar identificarse–, tú no estás acertando lo que es la política de Canarias.

Se da cuenta de que a Gran Canaria no ha salido nadie, no ha salido a La Palma, no ha salido a la Gomera. Es decir, el desconocimiento que hay sobre nosotros empieza por nosotros mismos; es decir, los canarios mismos tenemos un defecto fundamental de falta de conocimiento. Yo tengo un ejemplo para esto que es muy elocuente: en un momento dado, tuvimos la posibilidad, en mi condición de alcalde, de pagarle un pasaje a la gente para ir a Las Palmas; y, claro, entre que nosotros habíamos colaborado en conseguirlo y tal, y que aquella gente, pues eran amigos, conocidos, asociaciones de vecinos… yo iba al puerto a esperarles. Y las señoras mayores me venían, me cogían del brazo y me decían: «Don Manuel, ¡qué gente más buena!, ¡nos quieren!». O sea, la gente pensaba que por el hecho de que iban a Las Palmas, la gente de Las Palmas no les quería, les odiaba, y venían a expresarme la satisfacción enorme que tenían de que les estaban diciendo que teníamos que conocernos, que querernos.

Eso es muy expresivo, esa es la expresión de la realidad de nuestra tierra; es decir, que, desgraciadamente, de los gomeros hay muchos que no conocen Tenerife –quizás los gomeros son los más que conocen por la diferencia brutal que tienen–, pero Gran Canaria y Tenerife: la gente no se conoce, la gente no tiene contacto. Los primos son menos primos cuando uno vive en Tenerife y otro vive en Gran Canaria; y, sin embargo, los primos, cuando viven en la misma isla, pues ejercen de primos –se lo digo porque yo tengo una experiencia de primos en Las Palmas–.

Entonces, el hecho de nuestra insularidad y nuestro alejamiento implica un desconocimiento y ese desconocimiento, si es importante para nosotros que somos los canarios, imagínese lo que es para los peninsulares, que están acostumbrados a coger un coche y meter a toda la familia en el coche e ir de Guadalajara, por ejemplo, a Toledo; y van todos, y ven a la familia y satisfacen su relación familiar; en cambio, en Canarias, no.

Y eso, ese desconocimiento, es el que nosotros tenemos que intentar, por encima de todo, con todos los medios posibles, conseguir erradicar, no solamente de nosotros con nosotros, sino de nosotros con los peninsulares o de los peninsulares con nosotros.

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LÍDERES POLÍTICOS

Ha conocido, negociado y trabajado con muchos líderes políticos, tanto en el ámbito autonómico, nacional como del europeo. Si tuviera que elegir tres figuras que le han impactado desde la distancia que le da el tiempo, ¿cuáles serían y el porqué de cada una de ellas?

Cuando leí la pregunta, no tenía un referente claro; y, desde entonces, te digo que he apuntado cientos, cientos… Pero, después pensaba ¿cuál es la intención de la pregunta? Y no me parecía que era una pregunta hecha al azar, sino con una cierta razón, entonces, me he limitado a pensar en los tres primeros presidentes de Gobierno de España y en su relación con Canarias.

El primero, Adolfo Suárez:

Qué entrañable, qué capacidad de llegar a la gente, qué capacidad de inspirar confianza, qué capacidad de dialogar y buscar soluciones todas ellas comprensivas con las demandas. Admirable. Sinceramente: mi profunda admiración a Adolfo Suárez. Fue el hombre que necesitábamos en el momento que era necesario y con una capacidad fantástica a la hora de hablar.

Después vino Felipe González:

Para una persona como yo, que piensa en Europa: qué político, qué nivel, qué altura le dio a España, cómo actuó en Europa y, además, respetado por los líderes del viejo continente. Para mí fue –porque no soy socialista– por más que simpatizo con los socialdemócratas, pues fue asombroso, o sea, yo tuve la suerte de conocerlo, de hablar con él. No era un hombre concesivo, todo lo contrario, era «apretado» y le costaba dar las cosas, había que convencerle mucho; pero, qué capacidad. Admirable. Sinceramente, chapó. Yo creo que fue un hombre que para España fue fundamental, consiguió la gran transformación de España, y –creo que– tenemos que agradecérselo.

Y, después, José María Aznar:

Qué pedante, qué pedante, qué engreído, qué soberbio. O sea, hablabas con él y él lo sabía todo, él dominaba todo, él iba a arreglar el problema de Palestina; hoy, hoy está en los periódicos, él iba a arreglar el problema de Palestina y yo le decía: «Presidente, resuelve el problema de los saharauis, no te me vayas a Palestina». Palabra de honor, esto fue una conversación con él, en el aeropuerto de Las Palmas, de Barajas a Las Palmas.

Yo le decía: «por favor, dedícate a resolver el problema de los saharauis, no vendas a Palestina», y él estaba empeñado en resolver los problemas de Palestina. Y, sin embargo, pues fue un presidente que estuvo.

Pero, sinceramente, tengo que decir no observo ningún buen recuerdo de la actuación de él y fíjate que fue con el presidente con el que yo firmé los acuerdos entre el Partido Popular y Coalición Canaria. O sea, fue él el que vino a Canarias a firmar el acuerdo que teníamos Partido Popular y Coalición Canaria en el año 96.

Por lo tanto, yo tendría que estar enormemente agradecido, pero todo lo contrario. Después, cuando tuvo mayoría absoluta, incumplió totalmente todas las cosas a las que no le había quedado más remedio que comprometerse cuando gobernaba en minoría.

Son los tres ejemplos, de tres personalidades relevantes, que yo quería exponer.

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CANARIEDAD

Muchas veces, ha enfatizado algo que quisiera recordar: el problema de Canarias es la falta de comunicación, y su consecuencia, que no nos conocemos. Quizás este problema se vaya atenuando por el hecho de vivir en una sociedad hiperconectada, es más, una iniciativa como Somos Canarias va en esa dirección; no obstante, es verdad que no es lo mismo el conocimiento virtual que el conocimiento directo: ¿cree que sigue vigente ese problema, o ya estaría superado? ¿Cuáles son, en su opinión, los grandes obstáculos para que ese sentimiento de canariedad no esté más arraigado en la sociedad canaria actual?

Efectivamente, la interconexión que existe en estos momentos ha reducido el problema de una forma importantísima; esa interconexión permite, desde Canarias, buscar fuentes de trabajo en el mundo. O sea, no hay que transportar los plátanos a la península, sino hay que transportar las ideas a través de Google; y eso, sin lugar a dudas, es muy importante, muy importante.

Pero, eso no resuelve del todo el problema, es decir, el conocimiento, el contacto, el poner cara a la gente, al interlocutor, es fundamental en cualquier relación. Es decir, nosotros esta entrevista la mantenemos a través del teléfono y ustedes se pueden llevar una idea mía totalmente distinta de la que pueden hacer de esta «toma de café y conversación», y eso es lo importante en la vida.

Hay que intentar llegar a la gente, conocer a la gente; que la conocemos a través de los medios y de Internet, magnífico: un avance extraordinario. Yo espero que, para Canarias, sea una solución de trabajo fantástico de futuro, pero no nos olvidemos, el contacto directo humano es fundamental a la hora de dar confianza e inspirar confianza, de que te den la confianza. Sin eso, no se consigue nada.

Por ejemplo, cuántas veces, a la hora de votar, se vota, por ejemplo, no sé –ahora vemos continuamente por televisión a Rajoy, a Pedro Sánchez…– Y los vemos, y, en la medida en que los vemos, nos formamos una idea. Entonces, nos encontramos con que esa idea que había inspirado a personas que están a su alrededor, esas mismas ideas, a ti, te han inspirado de otra forma. Sin embargo, si las conociéramos, si estuviéramos con ellas, si viéramos sus reacciones en directo, nos permitiría hacernos una idea más veraz de la persona.

Por tanto, la interconexión nos viene de maravilla, ha sido una ayuda fundamental, pero, no nos olvidemos, queda pendiente la relación humana, el contacto es fundamental. Hay que intentar que el paso sea no solo en forma de interconexión, sino también de conocimiento.

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COALICIÓN CANARIA Y LA CIUDADANÍA

Ha sido, siempre, un firme defensor de un modelo de partido y de ideología política, que se construye desde abajo a arriba –un partido y nacionalismo popular, que no populista: fue famoso su Plan de Barrios siendo Alcalde de Santa Cruz de Tenerife–. Por otro lado, es una evidencia que la política se ha profesionalizado, lejos de esa apuesta personal que usted encarnó: ¿cómo analiza esta cuestión respecto a la situación de la actual Coalición Canaria? ¿Deberíamos cambiar el tipo de relación con la ciudadanía para volver a ese vínculo que hoy parece perdido?

Sí, vamos. Yo creo que es muy importante, como filosofía de actuación, el actuar en los problemas desde el problema que tienes más lejos al que tienes más cerca. O sea, cuando tú te planteas que tienes que gobernar un ayuntamiento, tienes que resolver una serie de problemas, en una serie de barrios; pero hay barrios –que son los barrios tuyos–, donde tú trabajas, por donde tú pasas que los estás viendo continuamente, constantemente porque los tienes presentes.

En cambio, hay otros barrios, que están más alejados y que tienen problemas y posiblemente, incluso, los problemas más gordos porque son los que están más lejos. Entonces, si tú te planteas el intentar resolver los problemas, parece razonable, parece lo lógico, empezar desde fuera hacia dentro. Es decir, de lo que es lo más afectado por barrios, que eran los más alejados a los problemas del centro; porque de los problemas del centro no te vas a olvidar, los estás viviendo, los tienes, lo estas continuamente «pisoteando»; en cambio, los problemas de los barrios, si no vas al barrio, no los comprendes.

Entonces, como orden de actuación, hay que empezar desde fuera hacia dentro, desde lo más alejado, desde lo más abandonado a lo que está más atendido. Eso como filosofía.

Y, por otro lado, observa uno que la gente lo que quiere es que la escuchen, pero no solamente la gente de la calle. El político se ve en la obligación, cada vez que tiene contacto con una persona, de darle su mensaje y, si no le da el mensaje, no se te queda satisfecho; y, sin embargo, la persona con la que está contactando lo que pide es contar su problema, que le escuchen su problema que le ayuden a resolver su problema. Y a mí me parece que esto ha creado una especie de abismo entre el político y el pueblo, la gente.

Es decir, hay un contacto, una relación, pero no hay una transmisión de necesidades, ni de soluciones. Parece que cada uno esté hablando en un lenguaje totalmente distinto, no están en el mismo timbre de conversación, están en problemas diferentes. Y yo creo que, desgraciadamente, el político tiene que volver a escuchar a la gente y actuar de acuerdo con lo que la gente necesita y quiere, no con lo que ellos –los políticos– piensan que debe ser.

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DIVISIÓN DEL NACIONALISMO

Un problema histórico del nacionalismo canario ha sido su división, espejo de un insularismo que no es capaz de ver Canarias como un sujeto político, como un todo con sus partes necesarias, nuestras ocho islas con La Graciosa. Hoy mismo asistimos a la existencia de dos partidos, Coalición Canaria y Nueva Canarias, que se necesitan pero que no acaban de iniciar esa reunificación necesaria; con su perspectiva histórica, ¿es un problema insoluble, que viene de muy atrás, estando condenados a recaer en un insularismo anacrónico? ¿O ve posibles soluciones, siendo optimista, más allá de cualquier personalismo?

El problema es, precisamente, el personalismo; desgraciadamente, en política, se llega a un momento en donde el político se cree que sin él no es posible hacer nada, que él es la solución de todos los problemas, y no se da cuenta de que es una pieza más del juego del ajedrez. Y, claro, aquellos que se sienten «reina», y son incapaces de descender a la condición de «peón» o «alfil», pues, son incapaces de ponerse de acuerdo para terminar una partida.

O sea, a mí me parece que el excesivo personalismo, el engreimiento, la vanidad de las personas, desgraciadamente, ha influido muchísimo; y ha influido en el sentido de pensar en ellos y no pensar en el proyecto de Canarias. Es decir, están pensando en su parcela, en su ambiente, en su ámbito, en su futuro inmediato. No están pensando en lo que es el proyecto de Canarias.

Yo siempre dije que Canarias era una mesa con varias patas; y, si aflojaba una pata, la mesa se dañaba y, efectivamente: desgraciadamente, no somos capaces de mantener las ocho patas de una forma correcta y adecuada; de tal forma que una ayude a la otra.

El político tiene que volver a escuchar a la gente y actuar de acuerdo con lo que la gente necesita y quiere.

No puede haber una sola pata, sería un error, haber pensado en este proyecto, solamente, desde Tenerife, La Palma, La Gomera y no contar con Gran Canaria hubiera sido el gran fracaso. Desgraciadamente, lo que ocurre es que los personalismos se han impuesto a la verdadera filosofía del proyecto; un proyecto en donde TODOS éramos necesarios, y todos colaborábamos para resolver el problema de todos; y, sin embargo, en un momento dado, hubo personajes que se pensaron que ellos eran lo más importante del proyecto; y cómo ellos iban a dejar el poder, se hubiera hundido Canarias; y esto, desgraciadamente, todavía existe.

Por más que yo sigo pensando que llegará un momento en donde la racionalidad se impondrá y la gente se dará cuenta de que se puede hacer tanta política para Canarias desde Las Palmas, como se puede hacer desde San Sebastián de la Gomera, como se puede hacer desde Santa Cruz de Tenerife. Solamente, lo que hay que hacer es pensar, no solamente en ti, sino en todos: tener un proyecto de todos. Y ese proyecto intentar hacerlo cumplir, pero para todos, no para ti solamente.

A mí me parece que el hecho de haber incidido, por nuestra parte, en la isla, como elemento fundamental, no es incompatible con el concepto de nación canaria, donde somos todos, repartidos por ocho islas; y hay que resolver el problema de todas y cada una de las islas, no el de tu isla, solamente. No insularismo, sino nación.

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CANARIAS ÍNTIMA

Queremos terminar volviendo a lo más querido de su biografía donde espera siempre la memoria de lo que fuimos y lo que somos: ¿qué lugares y/o momentos elegiría de su Canarias íntima, de su Canarias personal? ¿Qué historias nos puede compartir de cada uno de ellos?

Cuando leía esta pregunta, yo pensaba, pues, en varios rincones: yo, en el Garajonay, paseando; yo, bañándome, pues, en Fuerteventura, en una de las playas; o yo, en la fiesta de la Virgen del Pino. Entonces, yo pensé «qué recuerdo puede ser más expresivo» –de acuerdo con tu pregunta– y de entre todos me sobrevino el siguiente: yo, sentado en la Playa de Las Canteras, con una cerveza, y contemplando la playa y el Teide al fondo.

Es la postal que más evocaba para mí: estar en Las Palmas, en esa playa bellísima, que es la más maravillosa que puede haber como playa de ciudad; pero, además, con la satisfacción y la honra de ver el Teide al frente, disfrutando del Teide. Yo pensaba: qué estampa, qué bonita, qué expresiva de nuestra tierra.

Gracias, D. Manuel. Sospechamos que, como seguidores de Casablanca, «…éste puede ser el inicio de una hermosa amistad». Sí, hay mañanas en las que se descubre a un hombre excepcional: Manuel Hermoso.