España,

el arte de no asumir la responsabilidad

Somos en términos históricos una joven democracia en un país que había atravesado una larga dictadura en el s. XX. Esto conlleva carencias y lagunas que se muestran en el plano público y privado.

Hoy queremos analizar el problema de la asunción de responsabilidad social en nuestro país; al matizar «social», ya adelantamos que afecta a la mentalidad compartida de una mayoría social en España.

También nos prevenimos contra ese argumento falaz donde todos los males se descargan en una élite política o económica, salvaguardando de la necesaria autocrítica que todo sujeto, individual o colectivo, debe realizar. Y que, lo sepa o no, vuelve a perseverar en aquello que se está denunciando aquí.

También es una forma de contradecir ese pesimismo que anega cualquier cambio, y que Jaime Gil de Biedma reflejó tan dramáticamente:

«De todas las historias de la Historia la más triste

sin duda es la de España porque termina mal»

No es nuestra opción: menos dramatismo, y más crítica constructiva.

La mentalidad española ha desarrollado el arte de no asumir la responsabilidad. Veamos cómo.

Primera estrategia

La responsabilidad es del otro, es él el que tiene la culpa de lo ocurrido, es el otro el que ha de cambiar.

Resultado: se justifica el victimismo continuo. Todos somos víctimas del sistema. Fenómeno interesante cuando nadie se identifica con el sistema.

Segunda estrategia

La responsabilidad difusa.

Resultado: se aceptan los hechos con tristeza y amargura, para después enunciar la responsabilidad invisible: todos somos igualmente responsables. La responsabilidad difusa que paraliza cualquier solución, ¿por qué? Porque no tiene ninguna.

La afirmaciones genéricas y solemnes, esconden la incapacidad de cambio: utilizar palabras como todos o sociedad, son universales vacíos que llevan a callejones sin salida.

Al final,

todo sigue igual

Frente a lo anterior, hay una responsabilidad que todos podemos asumir: la responsabilidad concreta, individual. Se llama ciudadanía, y nos pone delante del espejo. Les aviso: duele.