Tomás Morales y Néstor de la Torre, pues, no reniegan de tendencias artísticas del continente europeo para definir los sentimientos a través del medio natural atlántico, algo que entronca con lo que comentábamos de la idea postformal piagetiana y con la lectura de lo específico de las representaciones canarias desde el lenguaje de los mitos grecolatinos.

Algunas de las composiciones de Néstor de la Torre, como nos recuerda Elena Morales en la publicación «Perfiles de Canarias», le sirven al autor para vehicular su mundo interior a través de una amante pareja, con seguridad un símbolo de los arquetipos masculino y femenino, con mujeres de fuerte complexión –quizá influencia de Buonarroti– y hombres con cierta feminidad en las formas –como unión de modernos principios masculino y femenino, brillante y oscuro, dicotomías que también encontramos en el Taoísmo–, tal y como recordábamos en referencia al Poema de la Tierra.

En lo oceánico de su obra encontramos pasión, placer, dolor, paisaje, fauna, vegetación indisolublemente unido a lo humano. Sus propuestas visuales son elegantes y luminosas, voluptuosas, carnales, vivas; buscan lo variado, emocional, bello:

«Es necesario que hagamos de la vida una obra de arte» «…Yo quisiera que en mis cuadros estuviera representada enteramente la belleza del mundo. (…)» «Nacido yo en Canarias, veía diariamente cómo se hundía el sol en las aguas. Y me ponía a imaginar todas las maravillas misteriosas que el sol vería en la profundidad de los mares, porque yo suponía, desde luego, que el sol se daba todos los días un baño en el Atlántico (…). Toda mi niñez fue espectadora de nubes y olas. Pasaba los días en la playa. Conozco su matiz de cada hora…»

Su colección de Poema del Atlántico, en sus dos colecciones de «Horas» y «Aspectos», refleja incomparablemente el simbolismo de la unión entre lo humano y el medio acuático en el que habita, siendo la Isla y su entorno, tierra y agua –los mismos nombres de las colecciones de Néstor de la Torre y los mismos principios de la vida–, las primeras ideas de unión de contrarios que llaman nuestra atención.

Una de las interpretaciones posibles para la cuádruple colección de las Horas, como sugiere su nombre, es temporal, el de las Edades de la Humanidad: desde el amanecer hasta el ocaso de la vida de cada uno de nosotros, algo que sirve, asimismo, para enmarcar ciclos más generales que tengan que ver con los paradigmas sociales, históricos, científicos.

Las figuras humanas en estos cuadros no son optimistas, no se refleja la idea de Hespérides o Paraíso terrenal –algo que sí encontramos en el Poema de la Tierra–, más bien se enfatiza la idea de vida como lucha, como combate contra los elementos, que bien podría reflejar los desafíos vitales como reflejo de los peligros de la mar y la navegación.

Emplea para ello un óleo vibrante, lleno de fuerza, curvas voluptuosas que llegan a ser modernistas, uniendo representación figurativa y metáfora: no trata de representar de manera naturalista –sin dejar de exhibir un estilo figurativo detallado, en general, las especies animales están sobredimensionadas; en «La Noche» están dramatizadas para dar mayor sensación de amenaza– ni personas individuales: la carga simbolista es más importante que el realismo.

Dos características parecen especialmente importantes: salvo en Tarde, en el que parece subrayarse la soledad humana, en el resto de representaciones encontramos varias figuras humanas, lo que parece apuntar a una carga social en la representación; por otra parte, las especies animales aparecen sobredimensionadas, acaso para acercar a la vez su reflejo a las figuras humanas, convertirlos en símbolos más evidentes y transformarlos en la amenaza de los desafíos vitales que apuntábamos.

El valor de lo Atlántico es innegable y, como elemento, abre puertas a diversas interpretaciones metafóricas más allá del medio natural: es marco y a la vez personaje insoslayable del habitante isleño.

La otra colección de obras de Néstor, del Poema del Atlántico, no menos importantes, la de «Aspectos», subrayan lo universal de las emociones reconocibles a través de todos nosotros por medio de lo solar, de lo inmenso del Atlántico canario, que parece fundirse con el cielo para dar mayor reflejo de experiencia subjetiva, onírica, pero también para fundir presente y futuro reflejado a través del simbólico horizonte.

Son óleos densos, plásticos, figurativos sin necesidad de ser hiperrealistas, pues lo que interesa nuevamente es el símbolo, la evocación de símbolos y emociones a medio camino entre el mundo interior y exterior, esto es, que tienen tanto que ver con lo universal emocional como con el perspectivismo propio de una percepción particular: la de la geografía canaria.

En esta segunda serie contamos con el reflejo del optimismo, la alegría, pero también la lucha, la amenaza y la quietud –en Mar en calma, al que es posible identificar una aceptación de la muerte enlazando con Noche, de la anterior serie, y símbolos de cruz cristiana en la disposición de los cuerpos representados–.

Aquí lo importante parece ser la asociación de la rica emocionalidad humana representada a través de los movimientos –y lo dinámico cobra aquí una inusitada importancia, llegando a recordar a Turner- de las mareas y a la quietud o inquietud del propio océano, es decir, lo irrenunciable de las influencias internas y externas que en muchas ocasiones se unen para que nuestra percepción se encuentre íntimamente ligada al medio físico.

¿Qué podemos adelantar de estas representaciones de los óleos de Néstor de la Torre como propiamente Atlánticos?

La atlanticidad se deja sentir en la representación del agua como horizonte, como abismo, como deudor de unas mareas que son mucho más intensas, en su naturaleza oceánica, que las del Mediterráneo.

Algunas pistas para encontrar lo propio grancanario, canario, isleño, las tenemos en la propia catarsis reflejada de Néstor como grancanario a través de una visión que sólo él podía ofrecer, y que, como isleño, se proyecta rodeado de un océano dramático, tan inspirador de movimiento, como de quietud, luz, oscuridad…

Apreciamos en los dos autores la unión de la realidad física y subjetiva, del mito y la realidad. Hallamos, para todos los que nos sentimos reflejados, simbolizados, reunidos en ellos, la Catarsis. Y, al hacerlo, nos encontramos más clara y catárquicamente con nosotros mismos.

Reanudamos, celebrando la coincidencia estilística y temática de ambos autores al dar voz a su realidad física y cultural, el maridaje entre las pinturas del bien llamado «Poema del Atlántico» de Néstor de la Torre y las diferentes secciones o cantos de la «Oda al Atlántico» de Tomás Morales, más detenidamente, dando eco a las numerosas percepciones que ofrecen una realidad tan multifacetada como reconocible de la identidad atlántica, en este caso, Gran canaria, pero que puede ser tomada, como cualquier manifestación artística, como universal en la cornucopia de símbolos que ofrece.

Gran Canaria representaciones mitológicas e identidad v

FERNÁNDEZ DE LA TORRE, N. M. (1918-13)

El amanecer, tomada, en el año 2014, de la publicación digital

Poema del Atlántico, El Amanecer y el Canto VII

Y apareció la aurora vibrante de energía,

una aurora de fuego, más bien un mediodía.

Todo era formidable e infantil: sonriente,

Apolo se ofrecía coronado de rosas,

y con gracioso anhelo,

sobre el arco del cielo

galopaban las horas atropelladamente.

Las nubes sus vellones hilaban presurosas,

mientras que, cual un cíclope de fenecidas castas,

tocado del conjuro,

agigantaba el aire sus dimensiones vastas,

cada vez más glorioso y cada vez más puro…

FERNÁNDEZ DE LA TORRE, N. M. (1917-18).

Mediodía, tomada, en el año 2014, de la publicación digital 

Poema del Atlántico, El Mediodía y el Canto XIX

Os saluda y alienta por la emprendida senda,

soberbios luchadores de estirpe soberana,

héroes arrojados en singular contienda

sin saber por la noche del día de mañana.

Nobles exploradores, argonautas valientes,

descubridores de islas, pasos y continentes…

Ínclitos balleneros, prodigio de la casta,

que con cuerpo desnudo

exponéis vuestras vidas al coletazo rudo

y blandís los arpones como el guerrero el asta.

Y vosotros que, fuera de las leyes, un día

dictasteis leyes propias y os arrogasteis fueros,

e impusisteis a príncipes y navales guerreros

la profesión airada de la piratería…

  • Marianne ortun

    Excelente artículo donde magistralmente Hugo enlaza la importancia de nuestro Mar como fuente de inspiración para nuestros pintores y poetas emblemáticos: Néstor de la Torre , Tomás Morales, y su referencia a un mar pleno de misterios,fuente de creaciones artísticas, donde la vida y la muerte se enlazan, y dejan un impacto profundo en las vivencias del isleño, siendo el Mar la musa inspiradora de ambos.

    • Hugo Fernández Robayna

      Muchas gracias por tu comentario y ánimos! Abrazos

  • Cira

    Brillante análisis del simbolismo y la metáfora condensados en el arte de Tomás Morales y Néstor M. Fernández de la Torre. Enhorabuena Hugo