Qué historias contamos y nos contamos acerca de nosotros mismos: la narrativa asociada a la conciencia cuya visión privilegia la misma Psic. Cogn. como instrumento terapéutico y que los antropólogos recogen; no olvidemos que la comunicación oral tradicional es la más primigenia e intuitiva, y la de la primera fase de la educación desde siempre.

Este proceso es a la vez reajustado, reconstruido, reinterpretado y reelaborado a partir de elementos constitutivos y constituciones de los actores sociales, de acuerdo a la identidad, como decimos, pluridimensional, de los valores impuestos, aceptados, aquéllos que son creados y re-creados –como nuevos usos, acciones, neologismos– y los que mantenemos.

El concepto de identidad es importante para la Ciencias Sociales, como decíamos, centrándonos en la Antropología y la Psicología, puesto que engloba una serie de categorías sociales y culturales; por lo tanto es necesario no apartar dicho concepto de las investigaciones como herramienta estratégica: en efecto, ayudará a entender las manifestaciones políticas, ideológicas y socioculturales de los pueblos.

La identidad, y su búsqueda, podemos considerar, conforman horizontes innatos, imprescindibles; cuentan con una función clara, dan Norte a nuestro modo de ser y de entendernos, fundamentándose en parte en nuestro «origen», que no tiene por qué ser pulcramente «objetivo», pues en gran medida desconocemos toda la cadena casuística; es un pilar incuestionable para conocernos, reconocernos y darnos a conocer, en nuestros viajes o en los de otros, para defender los valores y/o para darnos la posibilidad de cambiar aquéllos con los que no estamos de acuerdo: tradiciones, formas de vida

Y examinar elementos constitutivos –constituciones primordiales que se encargan de mantener la continuación y alianza entre los miembros de la sociedad, de manera personal, espacial y temporal, intergeneracionalmente–, y buscar un sentido vital colectivo para un desarrollo con horizonte común –o al menos clarificarlo en una o varias posibilidades–, que permita articular y sumar esfuerzos para el beneficio expandido y colectivo, concomitante con el individual.

En la vinculación de varios conceptos que hemos manejado –no olvidemos que uno de sus significados primordiales es unión–, el SÍMBOLO parece recoger el testigo tanto de las ideas de Jung como de Piaget:

Unen presente, pasado y futuro en una suerte de sustrato común o inconsciente colectivo en la búsqueda de ese sentido vital, que puede incluir tanto elementos mitológico, subjetivos como más reconocidamente objetivos –es decir, puede reunir tanto Memoria Histórica como Historia basada en datos contrastables-, para conformar una identidad, una unión, un SIGNIFICADO.

Es interesante hacer notar que el hecho de que el origen del pueblo canario se encuentre en la bruma de las interpretaciones a veces pueda parecernos un hecho que genera inconsistencia pero que esa misma realidad pueda abrirnos un campo multifacetado de maneras de construir la memoria a través de las vivencias, una manera de pasar de la legitimidad del origen a la legitimidad de la propia construcción, re-evocando la figura de ese Hércules que, como un personaje importantísimo de nuestro bagaje cultural europeo, se erige en liberador del Mediterráneo hacia el Atlántico, lo cual no puede sino invitar a imaginar la comunicación de los pueblos de este mar más allá de sus ‘columnas’.

En la realidad de los canarios contemporáneos es, pues, difícil encontrar un referente de identificación, elementos claros relacionados con nuestro ser, desde los orígenes y desde nuestra realidad de hoy y del imaginario de nuestra memoria como sociedad más allá de nuestras particularidades geográficas, marítimas, eólicas, climáticas.

Otra de las razones está en la atomización como archipiélago, y una más en la gran cantidad de influencias que, tanto ayer como hoy nos llegan desde el exterior, desde las conquistas hasta la realidad de que gran parte de nuestra economía se basa en el turismo.

¿Cómo es posible definir culturalmente

al/ a la Canario/a?

¿Habitantes insulares de origen multiprobable, europeos cercanos a África, españoles con acento iberoamericano; españolidad por azar?

Cultura mediterránea rodeada de océano… Habitantes a tiempo completo de un destino que es temporal para los demás, por ser destino turístico… Más allá de las identidades que se han pretendido crear en nuestro archipiélago, por motivos económico-políticos, el medio físico es algo real, objetivo, innegable, y, a la vez, es vivido de manera diferente, con distintos matices por vivencias, intereses, tiempo y circunstancias.

Uno de los elementos de análisis y vivencia más directos e intuitivos será pues, aquello que nos rodea, que compartimos y a la vez nos separa del resto del mundo: el Océano Atlántico.

Compartir
Artículo anteriorCanarias necesita la unión del nacionalismo canario
Artículo siguienteEl Más Allá

Psicólogo, Antropólogo y estudiante de Geografía e Historia

Soy un apasionado de todo lo que tiene que ver con las personas, con la sociedad, como decía Publio Terencio Africano: “Hombre soy nada humano me es ajeno”

Me he formado en disciplinas de la Salud y de las Ciencias Sociales, Letras, Idiomas, en España y en Italia

Intento aportar valor a diversas propuestas de proyectos laborales, formativos, culturales, sociales en general y de colaboración profesional. Me apasionan todas estas esferas: Psicología -especialmente en Clínica y Educativa-, Antropología e Idiomas –trabajo en Español, Inglés, Italiano, Francés-, Docencia, Historia, Arqueología y el resto de Ciencias ligadas al campo Humanista, Gestión y Administración, Proyectos Culturales, Académicos, como escritor y conferenciante.

  • Marianne ortun

    Ser Canario/a es pertenecer a una tierra mítica , quizás la de los antiguos Atlantes, compartir un paisaje de incomparable belleza, que hace de todos nosotros seres cargados de poesía y deseos de aventuras, mas allá del Horizonte de nuestro mar…