Una de las características históricas de España ha sido su centralismo, reflejado geográficamente en Madrid como capital del Estado. Un centralismo político, social, económico y cultural que ha impregnado toda la historia de España, hasta llegar a ser invisible para muchos analistas.

Desde esa consideración, junto a otros factores, se puede comprender la novedad de la Constitución del 78, con esa descentralización que desarrollará el Estado de las AutonomíasComo muchos apuntan: «Vivimos en un estado federal de hecho, y sin embargo, nos faltaría el reconocimiento legal del mismo». Esta idea se justificaría en una comparativa internacional: pocos países del mundo son tan descentralizados como España.

Lo anterior alcanza otra perspectiva si lo vemos desde otras tradiciones y países: Francia ha estado orgullosa siempre de su centralismo político, unido al origen de su modernidad republicana.

Como vemos, el contexto condiciona en gran parte la evaluación de una misma característica, sea cual sea su génesis o estructura. Por eso, son tan peligrosas las afirmaciones categóricas, que se vuelven dogmáticas si no están matizadas espacial y temporalmente. El buen realismo es una escuela de argumentar y matizar simultáneamente. Y esto no significa caer en un relativismo donde todo vale igual, sino reconocer la complejidad de toda creación humana, individual o colectiva.

Desde nuestra glocalización –esa posición que se diferencia de un globalismo abstracto y economicista, o de un provincianismo ingenuo–, Canarias debe ser políticamente una defensora de la federalización del estado, atendiendo a las diferencias específicas de cada territorio.

Y hacerlo desde ese reconocimiento legal que la Unión Europea ha otorgado ya: existen RUP, Regiones Ultraperiféricas. Progresar hacia un estado federal, sensible a las diferencias, donde se reconozca la interdependencia de competencias y soberanías en el plano nacional e internacional, es un objetivo al que no podemos renunciar, a pesar de todas las resistencias que el centralismo, en sus versiones partidistas, vaya poniendo. Canarias es incompatible con cualquier centralismo político, lo sabemos históricamente