Hacia un nacionalismo canario contemporáneo

Parte I

Todas las ideologías políticas se están transformando en la acelerada globalización hiperconectada. Hay, al menos, dos tareas que hacer para no caer en el anacronismo, o en la simple repetición que te condena al desván de la historia: un diagnóstico adecuado del presente del s. XXI; y, en coherencia, una respuesta ideológica contemporánea que actualice esa tradición.

El nacionalismo nace como ideología política en el s. XIX en el movimiento romántico ligado a la idea de volk (‘pueblo’), a través de un esencialismo que se definía desde la idea fundamental de nación –el sentimiento de comunidad que tiene un territorio–, que iba ligada a las de tradición, lengua, etnia o religión.

Esa génesis ha producido en sus manifestaciones extremas algunas de las tragedias políticas que el s. XX nos ha legado como enseñanza de lo que no puede volver a ocurrir. Por lo tanto, podemos afirmar que insistir en un nacionalismo esencialista –sea cual sea la idea que defina esa esencia– es un error, o una carencia que ningún nacionalismo puede permitirse. El tiempo de la metafísica política ha muerto.

Lo anterior tiene tres consecuencias fundamentales.

Primera

En una época de globalización hiperconectada, la idea de soberanía inherente al Estado moderno ha perdido su monopolio o, dicho de otro modo, vivimos en el agotamiento de la idea de soberanía por la interdependencia que la globalización desarrolla en todos los ámbitos, algo que cambia el objetivo de un nacionalismo contemporáneo, que no se trata de buscar esa utopía de un Estado donde toda nación debería cristalizar –un ideal de la modernidad ahora anacrónico–, sino de situarse estrátegicamente en todas las redes políticas (Estados, organizaciones o instituciones) en las que está entrelazado –en verdad, se está produciendo una lenta gestación de otra concepción distinta del Estado–.

Apliquemos esta idea al nacionalismo canario en dos escalas, España y Europa: defender la idea de Canarias como identidad política (nación canaria) conlleva su reconocimiento diferencial dentro de la Constitución, y desarrollada como tal en su Estatuto de Autonomía, y a la vez, conlleva su profundización como región ultraperiférica con sus singularidades en la Unión Europea (RUP). Seguiremos.