Existe un debate en el que la ciencia y la moral están enfrentadas. Cada vertiente tiene sus defensores y sus detractores. Hace poco, Grupo Animalia y Coada (Colectivo Abogados de Derecho Animal) que presiden Sandra Barrera Vinent y Lucrecia Roldán respectivamente, solicitaron una visita al Animalario de la Universidad de La Laguna.

Esta cita  tuvo lugar a principios de  diciembre  y, durante una mañana completa, ambas abogadas especialistas en bienestar animal, conocieron las instalaciones y los proyectos que se desarrollan en el centro. La encargada de recibirlas fue María Rosa Arnau, veterinaria especialista en animales de laboratorio y directora del Estabulario Central de La ULL.

Sandra Barrera, Lucrecia Roldán y María Rosa Arnau – Foto cedida por Grupo Animalia y Coada

Barrera explicó que «todo este tema, importante y a la vez cuestionado, nos interesó mucho y nos quisimos poner en la piel de todos. Para poder ejercitar las criticas pertinentes, de la mejor manera posible, nos pusimos en contacto con la entidad universitaria».

El centro de investigación cuenta con más de 3000 especies de tamaño menor, entre las que hay, según confirmó  la directora del Animalario, «ratones, ranas (Xenopus Laevis), ratas, conejos y para usos puntuales, adquirimos cerdos. Todos ellos son manipulados genéticamente para generarles las enfermedades. Estos últimos ni los criamos, ni los mantenemos en el centro. Abastecemos de los demás ejemplares a los investigadores de la ULL y de los hospitales universitarios de La Laguna y La Candelaria».

La investigadora afirmó que «las ratas han ido saliendo del uso de la investigación porque son más difíciles de modificar que los ratones. Necesitamos estudiar determinadas partes de la biología molecular como modelo de enfermedades y el que más se acerca a la fisiología humana es  el ratón que se parece en un 85 %».

Añadió que, «no usamos animales por usarlos. A veces hay tanta desinformación que la gente piensa que matamos miles de estos seres. Usamos el sentido común e intentamos utilizar la menor cantidad de especímenes. Los proyectos están controlados. Las propuestas pasan por un comité de ética científico del Ministerio de Salud que aprueba los presupuestos. No se pueden repetir cosas que ya están hechas en otros sitios. Los proyectos tienen que ser innovadores y tener una base científica, entre otros».

La impresión de las presidentas de las  sociedades de protección animal «no fue tan negativa» como pensaban. «Las instalaciones son limpias, amplias y con buena luz. Esperábamos un establecimiento lóbrego, oscuro, lleno de sangre, con perros y gatos abiertos en canal. Nada de eso sucede. Todo hay que decirlo. No obstante mantenemos que la experimentación con animales de cualquier especie o tamaño  nos parece muy cuestionable».

«Nadie  merece nacer para no vivir, y tener que morir sufriendo. La vivisección o experimentación animal consiste en la realización de ensayos presuntamente científicos con especies vivas», afirmó Barrera. Además la abogada cree que «es insuficiente considerar que los animales están protegidos porque existe  un comité de ética que vela, pero, esos órganos están compuestos por los propios científicos, así que, ¿quién vigila al vigilante?».

La científica y directora del centro tinerfeño confirmó que el espacio de investigación, donde se crían y conservan las especies, mencionadas al principio, cumple con todos los requisitos del Real Decreto 53/2013. «Tenemos un técnico y cuatro oficiales que ayudan al mantenimiento y buen funcionamiento de toda esta infraestructura.  La confederación de investigadores nos alentó a trabajar en la indagación bajo un tratado de transparencia para combatir tanta desinformación. Usamos animales en beneficio de la salud. Muchas de las cosas que se hacen aquí no solo salvan humanos, también a los mismos animales». Añadió que, «vamos a introducir mosquitos que transmiten enfermedades para estudiar diferentes pinturas que se puedan aplicar en el hogar».

Lucrecia Roldán y Sandra Barrera – Foto cedida por Grupo Animalia y Coada

 

Las cifras

En el documento de la  Cosce (Confederación de Sociedades Científicas de España) sobre el uso de animales se afirma que en Estados Unidos se consumen anualmente alrededor de 9 000 millones de pollos y 150 millones de vacas, cerdos u ovejas y que en experimentos se usan unos 26 millones de animales de los cuales el 95 % son roedores, aves o peces. En la Unión Europea, según el Informe de la Comisión al Consejo y al Parlamento Europeo, el número total de especies utilizadas para estas prácticas u otros fines científicos, en 2011, se situó justo por debajo de 11,5 millones. 

En España, ese mismo año, se utilizaron 920 458 animales, de acuerdo con el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), un 85 % eran roedores. Este mismo organismo público determinó, en un informe de usos, que en 2016 en nuestro país se utilizaron 917 986 especies de las cuales el 58,82 % eran ratones,  el 11,05 % peces, el 9,78 %  aves de corral y el 5 % ratas.

La presidenta de Grupo Animalia, Sandra Barrera, comentó que «el resultado de muchos experimentos se extrapola a la especie humana con fines terapéuticos, pero lo cierto es que en la actualidad es un método erróneo y anticientífico, además de poco ético y moralmente cuestionable. Tienen que encontrar otros sistemas».

Hoy existen leyes, en El Reglamento 1223/2009 del Parlamento Europeo y del Consejo, y en el Real Decreto 209/2005, que garantizan que, a partir del 11 de marzo de 2013, ya no se experimenta con animales para pruebas de seguridad cosmética y que se utilizan, para tal efecto, otras  técnicas.

Arnau contó que en el Estabulario Central de la ULL, «se desarrollan proyectos que ayudan a mejorar el conocimiento sobre diferentes patologías como la enfermedad de Dent, la Hiperoxaluria Primaria y enfermedades renales asociadas, vacunas para Leishmaniosis, Osteoporosis, etc.».

Por su parte, Barrera considera que estos experimentos no son fiables porque «poseemos diferencias fisiológicas, histológicas, anatómicas, bioquímicas, metabólicas y psicológicas con los animales».

La directora del Animalario de la Universidad de La Laguna se remite al documento de la Cosce para  demostrar que la ciencia ha contribuido, a través de estos experimentos,  a descubrir la Insulina, a identificar el virus del Sida y avanzar en sus tratamientos y a poner luz en el cáncer cervical generado por el HPV (Virus del Papiloma Humano).

El mismo documento refleja que «es un mito común que la Talidomida no causa defectos de nacimiento en animales. La realidad es que este compuesto no fue probado en animales gestantes antes de que fuera prescrito a las mujeres embarazadas. Tan pronto como los trágicos efectos en los fetos se dejaron ver, la prueba de esta sustancia en animales en período de gestación demostró que tenía consecuencias terribles, muy similares en estas especies a las observadas en humanos. Este hecho condujo directamente a la introducción de la Ley del Medicamento en el Reino Unido en 1968».

Sandra Barrera afirmó que «la ley no trasforma lo moralmente cuestionable. Lo que está mal, está mal y una norma no lo hace correcto». Parafrasea a, quien para ella es el maestro de maestros, Desmond Morris, quien ya en los años 60 señalaba que:

«No es divertido ver a animales siendo coaccionados para actuar como humanos para nuestros fines lúdicos o, supuestamente, médicos. Animales reducidos y sometidos, apoyados en aquella vieja tesis de que somos superiores y tenemos derecho a dominarlos».

La presidenta del Grupo Animalia reconoció esperanzada que «lo cierto es que, en la actualidad, los científicos de todo el mundo están en pie de guerra solicitando métodos alternativos a la experimentación animal con seres vivos. Este siglo permite un gran cambio en la sensibilidad de las personas. Entre los elementos que  se barajan para reemplazarlos en estas prácticas se pueden contemplar las células humanas y de animales, tejido humano, algas y hongos, programas de ordenador, maniquís de resina/so, microcámaras, humanos voluntarios…».

Para terminar, la abogada Barrera sostuvo que «no puede ser la especie humana la única digna de respeto, los animales también merecen que se contemple su dignidad». Quiso dejar claro a todos los ciudadanos que «a estas alturas, en 2017, debemos saber que  definitivamente el fin no justifica los medios, ni es un mal necesario».

Además aclaró que «prescindir de animales en la experimentación no significa detener el progreso médico ni poner en riesgo la salud de las personas. Esto es muy importante».

«Ese es el camino y no puede ser otro.

Se trata de respetar la vida de todos los seres vivos»

  • Marianne ortun

    El ser humano, creado para proteger la tierra y sus habitantes, también tiene una responsabilidad como especie y es su propio desarrollo dentro del ámbito del bienestar, somos superiores como sería un león ante una cebra que le sirve de alimento, y no siento que la investigación que se hace con los animales, siempre que sea para fines de salud pública y respetando los derechos de los animales, sea negativo, al contrario gracias al uso de animales de laboratorio, se han investigado terapias y sanaciones de enfermedades que antes eran mortales y han contribuido a alargar nuestra esperanza de vida. Interesante artículo que nos invita a reflexionar y a investigar cuales son nuestros límites como especie inteligente, y cuales son los principios éticos que tenemos que respetar con respecto a la vida animal. Y que investigar otras alternativas al uso de los animales es una tarea de respeto a la vida de esos animales que nos han servido como salvadores, pero sin caer en fanatismos que impidan o limiten su uso cuando es necesario, creo que como todo en esta vida tiene que ser mirado bajo el prisma de la compensación y el avance del bienestar de los seres que habitamos nuestro Planeta Azul.