La civilización

de lo desechable

Acaba de morir John Ashbery, con 90 años, seguramente el mejor poeta de los EE.UU, dejándonos una obra de más de veintiséis libros, y todos los reconocimientos posibles en su país. Autor de una obra fundamental como Autorretrato en espejo convexo (1975), era por múltiples razones de esos artistas que, más allá de los gustos personales, sondean lo contemporáneo, en este caso desde el lenguaje poético.

Con ocasión de la triste noticia, he releído varias entrevistas suyas de los últimos años –también, ciertos poemas subrayados de su antología–, donde despliega su inteligencia y sensibilidad como sólo lo pueden hacer los clásicos, con esa amplitud y profundidad que nos concierne a todos.

Y en ellas, va desarrollando varias definiciones inolvidables: empecemos por el qué y el porqué de la poesía:

«Creo que la poesía es una herramienta para explicar lo que estoy sintiendo, para decir esto es lo que me acaba de pasar y esto es de lo que de verdad va la vida»1.

La poesía guarda un vínculo con esa vida inmediata que no tiene subterfugios, y que en su misma espontaneidad, necesite una poesía que respete su singularidad. Por ello, John Ashbery comparte aquello que le preocupa, y que es la génesis de su obra poética:

La lengua que me rodea, el habla de la calle… eso es lo que siento que es importante. Me resulta muy interesante y conmovedor ver cómo los americanos intentan comunicarse y fracasan. Creo que no hablan como otra gente, se atascan más y a veces no acaban las frases, las dejan en el aire para que otro complete sus pensamientos. Esto también ocurre en mis poemas2.

Hay, en medio de ese fracaso comunicativo, el imperativo de una cultura acelerada que adora la novedad, y que no tiene distancia para reflexionar sobre sí misma: «Somos la civilización de lo desechable. Hay un deseo inmenso por lo nuevo». Léanlo sin prejuicios, y les devolverá mucho más, como solo lo hacen los grandes poetas.


1 «Entrevista a John Ashbery», por Andrea Aguilar, El País, 21/11/2009.

2 Ibíd.