En este tiempo de asueto que nos ofrece el martes de Carnaval, desde Somos Canarias queremos plantear una opción de recreo –como alternativa a los festejos de las fiestas–, que también ofrece nuestro archipiélago.

Volvemos, en esta ocasión, a la isla colombina, a La Gomera, para preguntarnos por un origen que aún se adivina atendiendo bien a las formas que se dibujan en su paisaje.

«La Gomera es la única isla del archipiélago canario en la que no ha habido actividad eruptiva en los últimos dos millones de años; esto la convierte en un excelente ejemplo de lo que han significado los procesos erosivos en un medio volcánico a lo largo de un período de tiempo tan dilatado, de los que sus espectaculares barrancos, sus maravillosos roques y taparuchas (diques), además de Los Órganos, son sus más bellos y hermosos testigos (…). En este entorno del Complejo Basal se encuentra una formación geológica en la que afloran distintas estructuras conocidas como Anillos de Liesegang».

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Las rocas de menor edad de la isla hay que buscarlas en el Monumento Natural de La Caldera, al que podremos llegar si nos encontramos en la bella localidad de Alajeró. Para quienes no la conozcan, diremos que la Caldera cuenta con una extensión de treinta y nueve hectáreas; y que alberga un cono volcánico que se eleva, majestuoso, hasta ciento treinta y cinco metros.

La materia prima de la que «está hecha» la base sobre la que se asienta la isla se denomina «complejo basal»; y se compone de restos sedimentarios submarinos mezclados con las rocas a las que dieron lugar las coladas de origen volcánico.

«Tanto la Gomera como el resto de las Islas Canarias surgieron como consecuencia de erupciones volcánicas submarinas. Tras emerger a la superficie y durante miles de años, nuevos volcanes y sus coladas se fueron superponiendo, ganando en superficie y altura».

Jardín Tecina

Por todo lo anterior, recomendamos vivamente visitar los parajes que conforman La Caldera. La Gomera, un destino que –siempre– merece la pena.