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El poder propagandístico de lo visual es enorme, como ya vimos, tanto como para opacar el origen y fin de acciones que tienen repercusiones a nivel global, como en los ejemplos que hemos presentado, y más en épocas de conflicto, angustia y caos en los que nos volvemos más vehementes, más primitivos, más arquetipoadictos, como parece desprenderse de los textos de Erich Fromm.

No olvidemos que el cine fue visto por los revolucionarios rusos como un arte no aburguesado, no contaminado, que para eso ya está el efecto kuleshov. Los popes de la ‘marca España’ harían bien en apuntalar la colonización cultural –con el poderoso aliado del Español, verbo de más de 500 millones de almas– como bien hacen los estadounidenses –que nos superan ampliamente en amplio rango en propagación y variedad, a Europa en general y a España en particular–.

Los estadounidenses darían a buen seguro mucho más pábulo a nuestros artistas –como el señor Segrelles, por ejemplo, que enarbola la bandera de ‘arte de autor’ al tener que autopublicarse –dando así más relieve a su talento polimático–, si tuvieran la suerte de ser sus compatriotas, en lugar de exportar ciudadanos frustrados y sobradamente preparados.

Echando un vistazo somero a su producción comiquera y manifestaciones asociadas, uno tiene la sensación de que Francia y Bélgica tienen vocación de asomarse al mundo –Astérix y Obélix, Tintín son ejemplos de tal vocación y de la manera desigual y muchas veces condescendiente de dirigirse a otras sociedades–, de explorar –¿les resuena algo de esto a ustedes sobre la reciente historia colonial?–…

Los estadounidenses, como veíamos, tienen hambre de control y de generar criaturas mitológicas con superpoderes, quizá por envidia del marco histórico-cultural Mediterráneo –hablando de difusión, y de las barreras asociadas, Supermán fue vetado en España porque los franquistas consideraban que sus facultades únicamente eran dignas de Dios–.

Los japoneses, por otro lado, parecen estar más interesados por plasmar un estilo reconocible como género –y a cámara lenta, con más introspección–, sin individualismos anglosajones de autor –aunque aún con relaciones claras de pupilo-mentor–, tremendamente regular y más sintético que en EE.UU. o Europa y alejado en muchas ocasiones de la representación objetiva de sus propios ciudadanos a favor de una estética que ofrece no sólo un distanciamiento de la realidad en la representación antropomorfa como una imagen del humano idealizado por ellos.

A saber: estilizados, ojos excesivamente grandes, colores imposibles en iris y pelo, cierta androginia, géneros no claramente marcados visualmente, como podemos constatar en series como Los Caballeros del Zodíaco / Saint Seiya. Del mismo modo que visual y temáticamente parecen dejar evidencia que el apocalipsis atómico sigue formando parte de su imaginario colectivo –Godzilla, Evangelion, Akira–, así como sus afanes por conjugar un pasado perdido con una rabiosa modernidad, algo que puede perfectamente ir de la mano, en relación a dos momentos vinculados a la Historia de los EE.UU.

Apuntando a la producción patria, nos puede fácilmente sugerir que en España tenemos una sana resistencia al establecimiento de iconos, a la sátira, pero también un rechazo a la seriedad/compromiso institucional y/social –lo cual en muchos casos ya no es tan beneficioso para el funcionamiento de un país–, como dejan patentes publicaciones como Superlópez, Mortadelo y Filemón, El Jueves, las firmadas por Miguel Brieva –personajes que nos hermanan con el Homero americano en mitología e iconografía postmodernista en la aceptación del ser humano corriente y moliente que no necesita o no puede ya ser un héroe-…

Como toda comunicación, tales manifestaciones son un reflejo –ciertamente prismático, proteico, hiperdimensionado– no sólo de cómo nos ven sino de cómo nos aceptamos: los autores del  aspecto gráfico y del textual –a veces una sola persona, como ocurre tantas veces en España, lo que confiere a estos casos mayor interés– forman parte de la cadena de memes –claro está, junto a su propia personalidad, voluntad y desarrollo personal, pero ortegasianamente también ´circunstanciados– de su propia experiencia cultural, y, como autores, proponen la visión comunal tamizados por su interés de trascender como tales, claro está, más artística o más comercialmente –que también forman parte de su marco de referencia ideológico, perceptivo, de su momento–.

El tiempo dirá cuánto progresa su oferta memética, cuán influente es, que, en gran medida, vendrá determinado, como en las conexiones sinápticas, del grado de conectividad con su público, que también es autor y eslabón, por reproductor y creador de realidades, de formas muy variadas según sus propias percepciones, expectativas y decisiones.

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Psicólogo, Antropólogo y estudiante de Geografía e Historia

Soy un apasionado de todo lo que tiene que ver con las personas, con la sociedad, como decía Publio Terencio Africano: “Hombre soy nada humano me es ajeno”

Me he formado en disciplinas de la Salud y de las Ciencias Sociales, Letras, Idiomas, en España y en Italia

Intento aportar valor a diversas propuestas de proyectos laborales, formativos, culturales, sociales en general y de colaboración profesional. Me apasionan todas estas esferas: Psicología -especialmente en Clínica y Educativa-, Antropología e Idiomas –trabajo en Español, Inglés, Italiano, Francés-, Docencia, Historia, Arqueología y el resto de Ciencias ligadas al campo Humanista, Gestión y Administración, Proyectos Culturales, Académicos, como escritor y conferenciante.

  • Marianne ortun

    Interesante y detallado estudio del mundo del Comic y su significado en diferentes culturas y paises. Gracias por ayudarnos a comprender este mundo lleno de sorpresa, tan variado como entretenido y que nos hace ser tan diferentes…

    • Hugo Fernández Robayna

      Muchas gracias, Marianne. Creo que el debate nos enriquece y que en ocasiones debemos reclamar otros escenarios para el mismo; el del lenguaje visual de distribución masiva no es baladí, habida cuenta de la importancia del comic durante todo el siglo XX, su presencia tanto en canales comerciales como underground y sus ecos de ´cine para pobres´ como decía Fellini hasta darse una doble articulación e influencia entre un mundo y el otro en títulos como el de ´La Fuente de la Vida´, o los más conocidos de Alan Moore. Abrazos