A menudo, se piensa la política con lo que denomino el síndrome abstracto: aquel que cree que las ideas políticas (el tejido de cualquier ideología) se pueden separar de los intereses, las situaciones y los contextos a la hora de su concreción real. No es así, como podrá confirmar quien observe la esfera pública con una lente realista y detallada. Hagamos varias preguntas como ejemplo de lo anterior:

¿Un partido centralista como el PP se acordaría del nacionalismo canario (CC-PNC, y NC) si tuviese una mayoría absoluta, a solas o con otros socios? Directamente: NO. ¿Creen que Canarias se beneficiaría de partidas del presupuesto del Estado de 2017, o 2018, si no existiesen partidos nacionalistas canarios? Directamente: NO.

Por otra parte, hay quien, más centralistas en algunos aspectos que el PP –sí, estoy hablando de Ciudadanos–, se rasgan las vestiduras por este tipo de negociaciones: o son ignorantes, desconociendo la práctica política de cualquier democracia representativa; o son hipócritas, defendiendo en Madrid lo que nunca dicen aquí.

En todo caso, un aviso a navegantes: Ciudadanos es un ataque directo al autogobierno de Canarias, por su propia definición centralista e intransigente con cualquier tipo de nacionalismo, donde no quieren diferenciar el nacionalismo canario, del catalán, el vasco o el gallego. Hay patriotas españoles que les gusta la brocha gorda en política, sin matices y sin capacidad de distinguir –lo volveremos a repetir una y otra vez: nadie puede dar lecciones de respeto constitucional a Coalición Canaria, si vemos su trayectoria política aquí y en Madrid–.

Estamos en una situación que no es nueva, y que se ha repetido periódicamente con el nacionalismo catalán y vasco –con éste, ahora mismo, otra vez–. Por eso, es de agradecer la actual situación parlamentaria: el PP, ese partido tan centralista y arrogante en su talante y sus modos, necesita del nacionalismo canario.

No nos quieren, pero sí nos necesitan:

se llama política