Desde este rincón de Somos Canarias, tenemos una línea de reflexión animalista que nos ha identificado desde el comienzo de esta aventura digital:

«Un país que tiene como fiesta nacional la tauromaquia, es un país sin Ilustración –Canarias fue en 1991 la primera de las comunidades autónomas donde se prohibió la fiesta de los toros, aunque siguen quedando anacronismos a erradicar–. Los animales padecen dolor y sufrimiento en el sistema límbico de su cerebro, al igual que los seres humanos.

Obviar, o no reconocer lo anterior, es caer en la falta de compasión o en la ignorancia intencionada para querer justificar un dogmatismo acrítico, basado en la tradición o las costumbres. O si quieren, para adelantarnos a otro argumento: ninguna obra de arte puede justificar el dolor gratuito de nuestros hermanos como seres vivos, los animales».

España, un país inmisericorde y cruel con los animales

Es más, hemos afirmado que una conciencia bionacionalista implica, necesariamente, una conciencia animalista; o dicho de otro modo, es imposible proteger y defender el medio ambiente sin que esto implique a los animales que lo habitan, incluidos nosotros:

«Nuestra tesis es la siguiente: una conciencia bionacionalista implica necesariamente una conciencia animalista, comprendiendo ésta como la defensa a la vida de todos los animales, más allá de cualquier antropocentrismo y especismo –esos grandes prejuicios de la tradición occidental, según Peter Singer–.

Y nuestra tesis se basa en dos argumentos: el primero es que la conciencia y defensa del medio ambiente, implica la de aquellos que son una parte fundamental del mismo, los animales, ese conjunto de seres vivos, entre los cuales, estamos nosotros, los seres humanos, como ya reflexionaron la historia de estos movimientos sociales.

Un animal padece dolor y sufrimiento como cualquier ser humano (aquí está la clave, en esa facultad básica que es su capacidad de sufrir), exactamente localizado en el sistema límbico como ha demostrado la ciencia actual.

Un mundo con conciencia animalista es un mundo más compasivo, con más empatía hacia el otro, mejorándonos individual y colectivamente –lo demás, es cronificar formas de barbarie por argumentos culturales–.

Segundo: la conciencia y defensa de la diversidad biológica dentro de esa visión sistémica que es el medio ambiente, implica la de la diversidad animal, y ésta sólo puede ser reflejada en su diferencia desde la conciencia animalista.

Canarias es un ecosistema natural que implica la defensa de la vida de todo animal que habite en ella, y esto significa un principio de universalidad que hace potente la idea de bionacionalismo: Canarias es una parte del mundo, y en la misma medida, defendiendo esas ideas en nuestro contexto, significa que las aplicamos en el contexto de la globalización del s. XXI.

Cuidar Canarias es, siempre, cuidar todas sus formas de vida, y ello es universalizable a cualquier lugar de nuestro mundo»

Bionacionalismo y conciencia animalista

Por eso, nos alegramos de la iniciativa pionera del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, bajo la alcaldía nacionalista de José Manuel Bermúdez: reconocer y declarar a los animales como «seres sintientes, y no meros objetos de dominio de las personas», con el apoyo a «todas aquellas reformas legislativas, normativas y reglamentarias que coadyuven a mejorar la protección y atención de los animales en el ordenamiento jurídico español».

Algo que nos hace orgulloso de vivir en esta gran ciudad, y de que ocurra en nuestra tierra, Canarias. Se llama sensibilidad animalista, y nos indica ese horizonte que se llama civilización, frente a cualquier tradición o costumbre acrítica y degradante.