Este próximo 6 de Diciembre se cumplen 40 años de la aprobación de la Constitución española. Y si hacemos el esfuerzo de evitar una visión cortoplacista, se puede afirmar que hemos vivido (y lo seguimos haciendo) los mejores 40 años de convivencia de los últimos dos siglos de la historia de España desde la Constitución de Cádiz de 1812.

Este diagnóstico se puede aplicar al ámbito político, económico, social y cultural.

Afirmar lo anterior no es hacer una apología vacía de todo lo que ha ocurrido: la política democrática, como todo lo humano, es el reino de lo imperfecto, y sólo desde perspectivas autoritarias y/o utópicas se la descalifica o niega, buscando una perfección que no existe, y que ni siquiera es conveniente como horizonte de lo práctico (política, ética).

Si alguien pone en duda este argumento, debe afrontar el s. XX como laboratorio de los totalitarismos y las revoluciones –todas fracasadas–, produciendo la muerte, el dolor y el sufrimiento en millones de personas que los han padecido. La democracia representativa del s. XXI es la hija lúcida y frágil del siglo pasado, con todo lo que ello conlleva.

Coalición Canaria (CC) y el nacionalismo canario han demostrado en este período democrático su visión de Estado, y un constitucionalismo que lo dignifican como partido, ideología y práctica política. Y desmiente un argumento que se ha instalado acríticamente a raíz de la crisis en Cataluña: el que nacionalismo y exclusión vayan unidos.

De ahí que haya que reivindicar la diferencia respecto a los nacionalismos catalán y vasco: nuestro nacionalismo es integrador y pluralista, espejo de una forma de ser y de la evolución histórica de la sociedad canaria. Les pondré un ejemplo: CC eligió estar al lado del gobierno en su aplicación del artículo 155 en la mayor crisis de esta democracia, cuando otros se opusieron o, demagógicamente, se abstuvieron, en una falsa equidistancia.

Por ello, se aspira legítimamente a que se reconozcan las especificidades de Canarias en la posible reforma de la Constitución. Nadie, pues, puede dar lecciones democráticas a este gobierno nacionalista de CC: el pasado y el presente lo avalan.