Nosotros,

el nuevo mundo red

Cualquier innovación, en una tecnología comunicativa, provoca una serie de consecuencias que atraviesan todas las esferas de la sociedad y la época histórica donde se producen. Sería imposible pensar en el mundo griego como cuna de la cultura occidental sin la aparición de la escritura, y con ella de la lenta y traumática transición del mundo oral al mundo escrito:

La filosofía, la historia o la ciencia griega son hijos de esa nueva madre comunicativa que tendrá en Platón su primera conciencia y, simultáneamente, su primer crítico –la tecnofobia es una de las reacciones clásicas ante cualquier revolución que rompe la tradición y la costumbre, ese conglomerado heredado del que hablaba Werner Jaeger para referirse a la antigua paideía–.

El ágora de la polis griega es consustancial a la palabra, pero será un ágora diferente desde el momento que es posible educarlo apoyándose en la escritura; de ahí que el debate entre la sofística y Sócrates, entre la retórica y la filosofía, es el escenario donde se produce esa primera batalla del espíritu agónico que definió el mundo griego; con una transformación inmediata: debido a que el destino de la enseñanza socrática, que rechazó la escritura, va a ser una herencia igualmente disputada, donde Platón vencerá finalmente con la institucionalización de la Academia, inherente a la escritura.

Otra gran revolución será el invento de la imprenta, y con ella del nacimiento de la modernidad: ¿es posible pensar el individualismo, o el Estado moderno, sin el concurso del libro de Gutenberg? No, y ya en el s. XX el genial M. Mcluhan reflexionará de todas las implicaciones y nexos que tiene la tecnología y la percepción y el pensamiento humano.

Con la aparición de Internet, somos protagonistas del mayor y más acelerado cambio comunicativo de la historia humana: con poco más de dos décadas, no tenemos aún visión para empezar a hacer un diagnóstico adecuado de cómo estamos siendo moldeados individual y colectivamente.

Manuel Castells nos hizo una primera incursión en ese continente fascinante que es la sociedad red, pero sin leerlo hay algo que todos sabemos desde la inmediatez de la vida cotidiana:

Todo ha cambiado para nosotros,

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