Capítulo XII

Velocidad y volumen

Aportar, mediante unidades de medida, una cifra que marque con la mayor exactitud posible la velocidad a la que debemos ejecutar una narración en una producción audiovisual o definir con exhaustividad cuál es el número preciso de palabras por segundo, o por minuto, que se considera idóneo para una exposición verbal pública o una producción audiovisual es, simplemente, imposible. Y eso mismo ocurre en el apartado del volumen de la voz, no se puede fijar una referencia de hasta cuántos decibelios hay que elevar la potencia sonora de un mensaje verbal.

Es, precisamente, por las infinitas opciones técnicas y artísticas que ambos parámetros permiten activar en cada mensaje —ponencia, discurso, video, cuña de radio, spot de televisión y un largo etcétera—, que ese guarismo solo puede depender de las diferentes situaciones, de los propios contenidos y de las creatividades textuales y verbales que un ajuste adecuado de la voz, en según qué circunstancia profesional, exige y precisa.

Para solucionar estos extremos, es el momento de aportarle una fórmula de concepto, básica, simple, y que aplicada en caso de dudas referentes a la elección y activación de uno u otro parámetro técnico, le va a ayudar a encontrar la respuesta más aproximada de cómo actuar:

(conocimiento + elegancia)sentido común

Poseer el conocimiento y dominar la técnica, sumado a una actuación elegante —el Diccionario de la Real Academia Española define la elegancia como una forma bella de expresar los pensamientos— y, ambos conceptos, bajo los criterios directos del sentido común, le va a permitir alcanzar un altísimo porcentaje de aciertos en sus decisiones respecto a qué hacer o cómo activar una determinada técnica profesional en una situación concreta.

Entonces, ante la duda de qué volumen o qué velocidad se deberá aplicar, de manera general, a las locuciones públicas o audiovisuales y, dando por hecho que estarán ejecutadas con el máximo esmero técnico de embellecimiento sonoro y elegancia personal, nos ponemos en manos del sentido común.

El mío, mi propio sentido común, me dice que Cuanto más rápido hablo, peor vocalizo y menos se me entiende. Ya tengo una primera idea respecto a la velocidad que debo imprimir al hablar profesionalmente. Por sentido común, salvo especificidades o modismos particulares de una determinada locución que pudiera exigirnos puntualmente una velocidad más acelerada respecto de la que habitualmente hablamos, si nos desaceleramos un poco al modular, el receptor del mensaje ganará en comprensión, intuición y claridad, que es el propósito final al que debemos aspirar siempre.

EFECTO DE PROYECCIÓN

¿Y el volumen?, ¿cuál aplico? De nuevo, la fórmula propuesta nos hará encontrar la solución. En nuestras conversaciones rutinarias, en las relaciones habituales con otras personas, tanto en el ámbito familiar como en el laboral, utilizamos un volumen ajustado, básicamente, a la distancia física que nos separa de nuestro interlocutor. Pues bien, dado que en una comparecencia pública, o en una producción de locución audiovisual, nuestros receptores finales del mensaje no se posicionan a cortas distancias respecto de nosotros, sino todo lo contrario, el sentido común vuelve a ayudarnos y nos induce a que procedamos a aumentar el volumen de la voz sensiblemente, apenas una pequeña subida, pero la suficiente para que se note un efecto de proyección activo, dinámico, de liderazgo, entusiasmo y, lo más relevante, de absoluta credibilidad y entrega por parte del emisor.

Lo dicho, el sentido común, será quien nos marque en qué ocasiones procede bajar el volumen de la voz para transmitir tensión o expectación, nos dirá incluso cuándo susurrar o, al contrario, nos indicará que lo subamos de repente, de forma inesperada, para provocar un efecto sorpresa en el público, los oyentes o los espectadores.

Hablar en público, o usar la voz para una producción audiovisual, posee un notable componente de creatividad y de arte, de sensibilidad y pasión, de emoción y sentimiento, y todas estas cualidades no pueden ser baremadas numéricamente de forma inamovible.

Muy al contrario, estas acciones requieren de singularizar cada actuación, de imprimirles una personalidad diferente para cada caso, con cada texto y en cada comparecencia pública. Usemos el sentido común vinculado al necesario conocimiento del desarrollo técnico y al embellecimiento de la intervención con la máxima elegancia posible.

Hablar públicamente de forma excesivamente rápida nos convierte en charlatanes ininteligibles, generadores de muy poca credibilidad. Si lo hacemos demasiado lento, entonces, proyectaremos una imagen de pedantería, aburrida y monótona. Elevar “un punto” el volumen de la voz que coloquialmente mantenemos, fortalece la sensación de cualificación, dominio, credibilidad y liderazgo. Así que ya sabe, ¡apueste por su sentido común!, por esa noble actitud resultante de combinar su experiencia, racionalidad y buen gusto.

María Montessori (1870 – 1952), educadora, feminista y humanista italiana, nos dejó una sentencia que, para poner un broche de oro a lo expuesto en este capítulo, nos viene como anillo al dedo: 

«Necesitamos especialmente de la imaginación en las ciencias. No todo es matemáticas y no todo es simple lógica, también se trata de un poco de belleza y poesía».

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Posgraduado Universitario Máster Oficial Comunicación Digital, Graduado en Periodismo y Titulado Universitario en Teoría de la Comunicación, en Información Audiovisual y en Comunicación Corporativa. Profesionalmente como periodista, desde sus comienzos hasta hoy, ha permanecido vinculado a lo largo de treinta años a diferentes emisoras de radio, públicas y privadas. Además, realiza colaboraciones como articulista, comentarista y tertuliano de radio y televisión. En el ámbito de la docencia, es formador en oratoria y locución audiovisual en radio y televisión de periodistas, locutores, actores, profesionales de medios de comunicación y de producción audiovisual, profesores de universidad, políticos electos y candidatos, altos ejecutivos, portavoces, profesionales liberales, gabinetes de prensa,  ponentes, universitarios, empresarios...