¿Qué es la creatividad?

Parte-I

Hoy comenzamos una serie de breves artículos sobre el fenómeno creativo. Y la razón es que vivimos en un presente donde la idea de creatividad está omnipresente en todos los debates y ámbitos. Algo que debería ser sospechoso, dada la vaciedad de muchos de sus usos, de ahí que lo primero que tenemos que abordar es una definición clara y precisa de su significado: Manuela Romo, en su obra Psicología de la creatividad (1997), propone esta definición: «Creatividad es una forma de pensar cuyo resultado son cosas que tienen, a la vez, novedad y valor».

Novedad significa que esa solución creativa, sea lo que sea (una obra científica, artística o tecnológica…), no existía antes, y por lo tanto, aporta una originalidad que es inherente a ese resultado como producto creativo; por otro lado, valor designa que el campo, el contexto de referencia al que se aplica, reconoce la importancia de esta aportación, tal como la propia autora declara en esta entrevista:

«La definición que propongo –y no soy la única– es una definición operativa de la creatividad, es decir, que ha de partir de los resultados y ser totalmente objetiva –como defendía Bridgman desde el positivismo lógico que debieran ser las definiciones científicas–, plantea que el proceso que lleva a esos resultados originales y que tienen valor en un contexto de referencia, es un proceso cognitivo, una forma de resolver problemas; claro está, unos problemas muy especiales, o, ¿no es pensar componer una sonata, un poema, pintar un cuadro, inventar un spot publicitario, una nueva aplicación para móvil o formular una nueva teoría científica?».

Entrevista a Manuela Romo, por José Luis Coronado, INED21, 13/03/2017

Enfatiza, después, la importancia evolutiva y social que la creatividad ha desarrollado en esa aventura del ser humano, diferenciándola de la inteligencia:

«Yo siempre digo que la creatividad nos ha llevado desde las cavernas hasta Saturno. Es la creatividad la responsable de la evolución humana: la capacidad de crear nueva información, más que de reproducir con habilidad la existente que sería más propio de la inteligencia; es la habilidad de encontrar y formular nuevos problemas y resolverlos de una manera innovadora, única, original frente a la capacidad de resolver problemas ya definidos cuya solución está determinada de antemano».

Ibíd.

Como vemos, sólo así podemos empezar a escapar de otras formulaciones que nada concretan sobre una de las dimensiones más necesarias y misteriosas de nuestra condición humana. Seguiremos.