Lo que vamos a desarrollar no es una realidad, sino justamente un ideal colectivo e individual que debería guiar la mentalidad canaria. Nos situamos frente a dos posiciones que son insuficientes y limitadas desde nuestra perspectiva: 1) los utopistas, que niegan cualquier presente para, a través de la idea de revolución, transformar la realidad radicalmente, algo que el s. XX nos ha enseñado adónde lleva: a pesadillas sociales de diferente ideología; y 2), los realistas, son aquellos que se atienen a lo dadoy, por tanto, legitiman continuamente lo real por el mero hecho de serlo, de este modo nada hay que cambiar porque la realidad es todo lo que se puede y debe conseguir.

Si los primeros se equivocan en su hipercrítica, los segundos lo hacen por carecer de cualquier tipo de crítica.

REALISTAS CON IDEAL

Defendemos otra posibilidad: somos realistas con ideal, o sea, apostamos por un reformismo inteligente que, aún manteniendo la necesidad del ideal, también sabe que éste nunca puede cumplirse definitivamente. Pero ese ideal nos mantiene tensos y sirve de horizonte moral y social para nuestra acción.

Comprendido lo anterior, enunciamos este ideal: la necesidad de una regeneración moral en la mentalidad canaria.

Y lo explicamos a través de dos dimensiones: colectiva, e individualmente. Cuando pensamos en el ámbito público y privado, nuestra época suele diferenciar ambos campos con estrategias que pierden, muchas veces, esa relación necesaria entre la política y la ética.

No puede ser, esa es nuestra apuestaNo puedo pedir ejemplaridad a ninguna clase política, si en mi campo de acción soy o actúo como lo que denuncioNo puedo pedir una transformación de los supuestos y estructuras existentes, si en mi campo de acción la pasividad o la indiferencia son lo único que puedo ofrecer.

Transformar lo público es, aunque nos cueste muchas críticas esta afirmación, transformarnos cada uno de nosotros. Es imposible mejorar Canarias si social e individualmente, nos seguimos creyendo que son los otros quienes deben hacerlo: un otro que suele enunciarse como clase política, empresarios o cualquier líder mediático. No, la tarea empieza por cuidar cada uno de su ejemplo personal, nadie lo hará por nosotros, aunque sea impopular afirmarlo.