Hay dos formas de luchar por Canarias en el ámbito político: la primera es una defensa retórica, así escucharemos a todos los partidos políticos, sin excepción, que ellos defienden el Archipiélago por encima de todo, incluso si su discurso está escrito desde la ejecutiva centralista que reside en Madrid.

La segunda, es una defensa nacionalista y se puede concretar, se trata de priorizar Canarias desde su financiación económica, con las consecuencias políticas y sociales que ello conlleva: sólo los partidos nacionalistas canarios que no tienen hipotecas externa a nuestra tierra, son aquellos que pueden exhibir esta perspectiva sin tener que bajar la mirada; es más, ¿creen que Madrid habría financiado muchas de las inversiones en nuestra tierra en las dos últimas décadas, si no hubiera existido Coalición Canaria (CC)?

Esta sencilla verdad la ha vuelto a recordar Rosa Dávila, la portavoz y consejera de Hacienda del Gobierno nacionalista canario: exhortó a los diputados que apoyen a los presupuestos «por encima de sus siglas», y la razón es que son unas cuentas que recuperan la agenda canaria y que destinan «mucho dinero» a aguas, educación y sanidad; y que, «en todo caso, intenten mejorar este presupuesto en el trámite parlamentario».

Además, los nuevos presupuestos incrementarán el descuento de residente del 50% al 75%, lo que «puede suponer una revolución en materia de movilidad para los canarios».

Y demostrando la sensibilidad social del gobierno nacionalista canario, Rosa Dávila ha pedido que el nuevo Régimen Económico y Fiscal (REF) incluya una partida para luchar contra la pobreza:

«No se puede hablar de estudios ni análisis cuando Canarias está infrafinanciada en partidas concretas que tendrían que venir por los derechos que tenemos reconocidos en nuestro Régimen Económico y Fiscal».

Como siempre, el tiempo pone a cada uno en su sitio: ¿creen que los partidos centralistas (PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos) pueden hablar como lo hace Rosa Dávila? No, ella ejerce una defensa nacionalista de Canarias, lo demás es retórica –no nos engañan a estas alturas desde Madrid, aunque lo hagan con su centralismo insensible desde aquí–.