Desde nuestra perspectiva, es necesario renovar la ideología nacionalista en el s. XXI. Queremos fundamentar ese nuevo relato, en su dimensión política, en el concepto de glocalización, que aunque originado en otro ámbito, tiene una potencia de aplicación ideológica que explicitamos a continuación: elegir Canarias como primera identidad política, implica comprenderla como glocalización singular desde el que nos incorporamos al devenir global en el s. XXI.

Hay dos reduccionismos que son necesarios comprender para que el vínculo entre Canarias y glocalización, pueda entenderse en toda su amplitud y profundidad:

El reduccionismo globalista, por el cual existe una globalización fundamentalmente economicista, abstracta –depurada de cualquier elemento cultural, social e histórico–, y en la que, posteriormente, se adaptan los diferentes actores: países, multinacionales, sociedades y ciudadanía en general.

El reduccionismo localista, por el cual se vuelve secundaria Canarias como primera idea política, viendo a sus diferentes islas componentes como los actores principales en una competencia interna que, olvida u obvia, ese sujeto que las unifica: Canarias. Una de las razones históricas de la división del nacionalismo canario ha sido este localismo insularista que es necesario superar –sí: insularismo y nacionalismo canario son términos contradictorios–.

El nacionalismo canario, pues, asume que hay glocalizaciones de otra escala –Estado español, Unión Europea–, pero integrándose en ellas desde nuestra singularidad: Canarias como primera identidad política glocal en este s. XXI interconectado.

Ese relato se enriquece con los proyectos de presente y futuro que hacen que Canarias como primera identidad política sea una glocalización moderna y atractiva desde otros ámbitos: desde nuestro nacionalismo glocal, ser canario es nuestra forma de ser contemporáneo.