La pregunta que sirve de título puede tener diferentes enfoques, pero nos gustaría sintetizar nuestra posición política en tres argumentos. Cada uno de ellos será desarrollado, haciendo referencia al contexto nacional y global del s. XXI que nos envuelve, y nos servirá a la vez, en su orden y claridad, como resumen de las ideas, creencias y sentimientos que son el fundamento de cada uno de ellos por separado y en su conexión interna. ¿Por qué somos nacionalistas en el s. XXI?

I

El nacionalismo canario del s. XXI identifica a Canarias como primera identidad política, en la pluralidad de identidades políticas, sociales y culturales que es el devenir de la globalización contemporánea.

Una dicotomía que utilizaba Ulrich Beck, el sociólogo alemán, y gran teórico de la sociedad del riesgo, es la que existe entre globalización y globalismo. Veamos las dos definiciones:

«La globalización significa los procesos en virtud de los cuales los Estados nacionales soberanos se entremezclan e imbrican mediante actores transnacionales y sus respectivas probabilidades de poder, orientaciones, identidades y entramados varios».

De este modo, la globalización no se puede elegir, estamos en ella, lo queramos o no. Pero globalismo indica otra dimensión: «…dominio del mercado mundial que impregna todos los aspectos y lo transforma todo». Globalismo es, en esta visión, neoliberalismo: una opción ideológica determinada que se caracteriza por su defensa extrema del libre mercado, fuera de todo control político, y que invade cualquier esfera desde su primacía indudable.

El nacionalismo canario del s. XXI es global (no puede ser de otro modo) —no globalista—, y lo es desde la defensa de Canarias como primera identidad política; dicho de otro modo, desde su glocalización específica, ese contexto propio que determina su vínculo con los procesos globales en el ámbito político, económico, social y cultural.

La idea de glocalización es, desde nuestra perspectiva, una idea que media entre un globalismo abstracto, mercantilista, y un localismo-provincianismo que cree poder desligarse de la interdependencia actual; también permite ir más allá de la idea de nación metafísica, esencialista, desde una idea de nación contextual, glocalizada, que sabe que debe convivir con otras identidades.

Un ejemplo: si demandamos el reconocimiento explícito de Canarias como Comunidad Autónoma ultraperiférica en la Constitución española, lo reivindicamos como una homologación que, triste paradoja, ya está reconocida por la Unión Europea (RUP). Sí, hay vacíos u olvidos que delatan toda una mentalidad hacia un territorio

Y al decir primera identidad política, no afirmamos la única identidad política: se puede ser nacionalista canario y español, y por extensión, europeo. No hay identidades exclusivistas (propias de un nacionalismo romántico del s. XIX) en el siglo actual en ningún ámbito: político, social o cultural, como el gran Amin Maalouf nos enseñó; sin duda, ésta es una de las grandes lecciones trágicas del siglo pasado que, cualquier ideología política debe asumir en la interdependencia de ideas y soberanías que es la globalización actual.

De fondo, pensamos, actuamos y vivimos nuestro presente de la sociedad de la información desde una elección que nos singulariza: ser canario es nuestra forma de ser contemporáneo.

II

El nacionalismo canario del s. XXI es, asimismo, la defensa de una identidad plural y diversa, un nacionalismo abierto e integrador, reflejo de la propia naturaleza histórica y geográfica de Canarias.

Si algo define la historia y geografía de Canarias, es su pluralismo y diversidad: esta doble condición impregna toda la cultura y forma de ser canaria. 

Desde la presencia indígena del archipiélago, y a través de su colonización castellana (conquista de realeza del s. XV, que sucedió a la conquista de señorío), mallorquines, genoveses, portugueses, flamencos, normandos, berberiscos norteafricanos, o ingleses, han dejado huella en nuestra historia: una huella antropológica, religiosa, lingüística, gastronómica y musical, que colorea las costumbres e idiosincrasia de la mentalidad canaria.

Si observamos con atención nuestra geografía, nos asombraremos de esa riqueza isleña que caracteriza a Canarias: las ocho islas tienen una personalidad acusada que les permite expresarse desde sí mismas, y a la vez como parte de ese todo, Canarias. Este pluralismo y diversidad está entrelazado con nuestra condición de ser un archipiélago atlántico, factor que condiciona esa identidad macaronésica, que nos convierte en una actor fundamental en la geopolítica entre tres continentes que tan bien conocemos desde diferentes perspectivas: Europa, África y América.

Tolerancia es un nombre que ha vivido el canario mucho antes de que la historia española empezara a saberlo. De ahí que el nacionalismo canario integre esa doble característica: ser un nacionalismo plural y diverso. Plural aquí significa que se hace eco de las diferentes sensibilidades de todas las islas —más allá de la dicotomía isla capitalina / isla no capitalina—, en la apuesta de que Canarias es más que una suma de insularismos, es la identidad que unifica nuestra pluralidad; diverso apunta a ese necesario mestizaje que ya es nuestra realidad, de ahí que lo importante para un nacionalista canario del s. XXI, no sea haber nacido en Canarias, sino la voluntad de una apuesta decidida por Canarias como identidad colectiva, como glocalización preferente en su pensamiento y acción política. Un ejemplo: hay un voto peninsular que está esperando esa opción de un nacionalismo canario del s. XXI que sepa explicarle su idoneidad —¿a qué se está esperando?—, y que haga discurso aquello que ya siente ese canario adoptado entre nosotros.

El nacionalismo canario del s. XXI, pues, es un nacionalismo plural y diverso que conecta con las tendencias del mundo contemporáneo, con una dimensión que lo singulariza: ser un nacionalismo vertebrador de la democracia española, que apuesta por un federalismo que sepa acoger las diferencias, desde una vocación europeísta y global en el s. XXI —dicho de otro modo: un nacionalismo abierto e integrador, coherente con su historia y geografía, donde el otro es una invitación para reconocerse en nuestra identidad—.

III

Y finalmente, el nacionalismo canario del s. XXI es un nacionalismo pragmático: la mejor y más útil respuesta política y social que podemos hacer desde nuestro archipiélago atlántico, una Comunidad Autónoma ultraperiférica de España y la Unión Europea.  

No pensamos y actuamos en abstracto. Este siglo hiperconectado e informacional es una nueva época que demanda una acción política adaptada a sus necesidades.

El nacionalismo canario al priorizar nuestro contexto como identidad política, está demandando una política preferente respecto a Canarias en todos los ámbitos. No tiene hipotecas territoriales y de cuotas de poder como lo tienen otros partidos políticos, donde sus directrices son pensadas y ejecutadas desde un centralismo, confesado o no. Si queremos una Canarias del s. XXI, debe ser pensada y llevada a la acción desde nuestro aquí y ahora, y éste encuentra su mejor encarnación en un nacionalismo canario que sea pragmático en sus demandas y logros.

Entre lo utópico y lo posible, siempre elegiremos una política realista que vaya progresivamente construyendo esa Canarias del s. XXI. Este pragmatismo no es un “vale todo”, significa saber adaptarse a la dinámica política y social con la que estamos entrelazados, nacional y europea. Un ejemplo: en la actual coyuntura política de la votación del presupuesto del estado de 2017, el nacionalismo canario a través de CC, y pendiente de un voto decisivo de NC, puede lograr un avance importante en diversas áreas políticas. Esto no sería posible si no hubiera representación política del nacionalismo canario en el parlamento español, y además es un recordatorio de una confluencia, orgánica o electoral, que el nacionalismo canario deberá abordar: Canarias como identidad política debe tener una voz, ese es nuestro deseo y a la vez una necesidad para que sea relevante en el presente y en el futuro.

Terminamos con una invitación al diálogo: lo que se ha desarrollado son tres argumentos abiertos, discutibles, pero razonados y propuestos desde una ideología, el nacionalismo canario del s. XXI, que quiere encarnar un sentimiento e idea que es más importante que la necesaria autocrítica que todo partido o ideología debe desarrollar: Canarias como identidad política que nos une. Autocrítica sí, pero con orgullo. Si lo olvidamos…

Otros nos lo recordarán como lo han hecho durante

gran parte de nuestra historia