Canarias, históricamente, por un conjunto de factores socioculturales y económicos que exceden el análisis de este breve artículo, ha partido de una situación de desventaja en su comparación educativa con otras partes de España.

Decir esto no es justificar ningún victimismo, sino explicitar un marco de comprensión adecuada cuando se aborda esta temática en nuestro Archipiélago.

Es curioso cómo muchos analistas olvidan estas carencias, en un ejercicio de amnesia histórica que solo pretende justificar una hipercrítica que nada aporta y que se queda en el cortoplacismo. Dicho esto, hay buenas noticias, gracias a la gestión eficaz y dialogante de la Consejería de Educación y Universidades, que dirige Soledad Monzón, integrante del gobierno nacionalista de Fernando Clavijo.

Algunos ejemplos. En la gestión eficaz y dialogante de educación en esta legislatura, se sigue reduciendo el abandono escolar temprano1, siguiendo una evolución histórica, situándose en 17,1%, en la EPA de Marzo de 2017 (1,4 puntos menos que la media en España: 18,5%), frente al 36,4% que llegó a tener Canarias en el 2007; se ha puesto en marcha el Proyecto Enlaza –basado en el exitoso modelo del País Vasco–, impulsando la Formación Profesional desde el punto de vista formativo, en relación directa con el tejido productivo:

Un cambio y actualización de nuestro modelo que se estaba pidiendo desde muchas instancias de la sociedad canaria.

Asimismo, en la gestión eficaz y dialogante de educación en esta legislatura, se ha llegado a concretar un acuerdo que soluciona una reivindicación histórica y justa: la homologación de los docentes canarios con los del resto del estado a la hora de cobrar los sexenios en función de la formación demostrada –eran los únicos que no los cobraban en toda España–, y todo ello dentro de un Plan de Reconocimiento Profesional y Social del Profesorado que encamina en la buena dirección muchas tareas y funciones diarias (por ejemplo, las tutorías), dignificando esa profesión puente de todas las demás: la docencia.

En esta cuestión, hay que resaltar la gestión inteligente y sosegada del ahora Viceconsejero de Educación y Universidades, David Pérez-Dionis Chinea, para llegar a este acuerdo fundamental. Gestionar bien debe tener su reconocimiento, para no caer en el griterío donde todo se confunde.

Todo el trabajo de la Consejería de Educación y Universidades de Canarias tiene un objetivo claro: implementar la Ley Canaria de Educación. Y se hace desde la aplicación de siete Planes estratégicos desde este año escolar 2017-18:

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El Plan Estratégico de Atención a la Diversidad.

El Plan de Igualdad y contra la Violencia de Género.

El Plan de Impulso a las Lenguas Extranjeras.

El Plan de Reconocimiento Profesional y Social del Profesorado.

El Plan de Formación del Profesorado.

El Plan de Modernización Tecnológica.

EPlan de Revitalización de las Residencias Escolares.

Una tierra se construye desde la cooperación de todos sus protagonistas. Los actores de la comunidad educativa (sindicatos, y otras organizaciones) han resaltado el cambio de actitud que ha impulsado esta Consejería de Educación y Universidades, dirigida por Soledad Monzón: una actitud dialogante y que, sobre todo, sabe escuchar. Y nosotros añadimos: eficaz.

Todo lo anterior incide en una idea que no nos cansaremos de repetir: el nacionalismo canario de Coalición Canaria (CC) es un nacionalismo que sabe gestionar bien.

Dicho de otro modo: no sólo ideológicamente, sino por su pragmatismo –¿cree alguien que se hubieran obtenido los beneficios para este año en los presupuestos con un partido que tuviera su base en Madrid?–, un gobierno nacionalista es la mejor opción para nuestro Archipiélago. Es hora de repetirlo frente a tanto agorero.


1 El abandono escolar temprano mide la población de entre 18 y 24 años que no obtienen el título de la la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), o como máximo ha terminado la ESO, y no ha seguido estudiando después ni el Bachillerato ni FP.