Atardeceres de postal en las

Salinas de Janubio

olivier mansiot

Cuando hablamos de salinas, podría parecer que nos referimos a un tipo de «fría factoría», cuyo objetivo es –solo– la producción de sal. En el caso singular de las Salinas de Janubio, en Lanzarote, ocurre todo lo contrario:

Nos encontramos ante uno de los más bellos

parajes de la Isla de los Volcanes

«Las de Janubio son unas salinas del municipio de Yaiza en el Suroeste de Lanzarote en las islas Canarias. Son las salinas más extensas de Lanzarote y aún hoy siguen activas gracias al apoyo de la UE que las declaró espacio natural protegido».

Wikipedia

Además, gracias a la especial sensibilidad del Gobierno de Canarias, las Salinas de Janubio han sido declaradas «Sitio de interés científico». Y, si bien es cierto, que su actividad es un «diamante en bruto» para la ciencia; no lo es menos que su contemplación es un regalo para los sentidos; especialmente, al atardecer.

Las Salinas de Janubio,

origen

Las salinas de Janubio –como se ha dicho más arriba– son las que ocupan mayor extensión de cuantas podemos encontrar en las Islas Canarias. Su construcción data de finales del s. XIX. Sin embargo, debido a que se han mantenido en activo hasta nuestros días, su estado de conservación es óptimo, e invita siempre a visitarlas.

Producen unas «dos mil toneladas anuales de sal marina»; cuya obtención es producto –aún hoy– de técnicas tradicionales: 440.000 metros cuadrados de terrenos que producen sal.

Para muchos profesionales, ligados al mundo del bienestar y la alta cocina, las Salinas de Janubio producen uno de los mejores tipos de sal de todo mundo; tanto para la salud, como para la gastronomía. Y todo se debe a las propiedades que adquiere la sal a lo largo del proceso de producción.

Las Salinas de Janubio,

color

Como la paleta de mezclas de un pintor, así de colorida es la postal que ofrecen las Salinas de Janubio. De gran variedad cromática, la imagen en que se funden las salinas, el mar y un horizonte de cielo hará las delicias de todo aficionado a la fotografía.

Además, al caer la tarde, el cielo se torna rojizo y su reflejo en las salinas queda, por siempre, impreso en la retina –espectáculo de la naturaleza que sobrecoge–: la luz dibuja un paisaje inusitado, y –al deslizarse por la superficie de los estanques y de las pilas de sal– configura un paisaje de ensueño.