Atomic Blonde,

lo que pudo haber sido y no fue

La última película del director David Leitch, basada en la novela gráfica de Antony Johnston ‘The coldest city’, llegaba a la gran pantalla hace unas semanas. Un reparto de infarto, y una trama sobre espías que prometía conquistar a los amantes de la acción que la habían hecho de las más esperadas este verano.

En las redes sociales, se hablaba sobre el papel de Charlize Theron como el de la nueva «Jane Bond». El punto de mira estaba fijado. Sin embargo, como suele decirse, a Atomic Blonde «le acabó saliendo el tiro por la culata»…

Guía del Ocio

El hilo narrativo y la trama carecen de absoluta originalidad, el único aspecto diferente es que el filme ha abandonado la figura del espía duro y rompecorazones por el de una mujer con las mismas características. Un aspecto diferente y positivo pues, normalmente, en este tipo de género las féminas suelen reducirse a cumplir con su cometido de chica Bond y estar en apuros o trabajar para el lado oscuro por una serie de  forzosas circunstancias.

El reparto, formado por Charlize Theron, James McAvoy, Sofia Boutella, John Goodman, Eddie Marsan, Toby Jones, Bill Skarsgård y Roland Møller cumplen su cometido; las escenas de lucha son impecables, sobre todo, las de cuerpo a cuerpo. No obstante, muchas de ellas son innecesarias, lógicamente en una película catalogada en el género de acción, es natural encontrar una gran parte de las mismas pero formar una pelea cada 10 minutos hace imposible que el espectador pueda disfrutar del transcurso fundamental de la historia.

El muro de Berlín está a punto de caer, nos situamos en 1989. Un agente del MI6 encubierto aparece muerto y la espía Lorraine Broughton (Charlize Theron) debe encontrar por todos los medios una lista que el agente estaba intentando hacer llegar a Occidente, y en la que figuran los nombres de todos los agentes encubiertos que trabajan en Berlín oriental.

Parece que en este celuloide nadie es quien apunta a ser, es algo que queda claro desde los primeros minutos de cinta. Atomic Blonde se caracteriza también por ser intuitiva, una apuesta segura. Incluyendo el giro final: vetusto y fiable.

A pesar de esto, la ficción americana tiene un punto fuerte, cabe destacar el gran trabajo de fotografía de Jonathan Sela (Transformers, Deadpool 2, John Wick).

Atomic Blonde estéticamente hablando

es fastuosa

Las luces de neón que alumbran la oscuridad de los sucesos y de los propios personajes es brillante, un elemento muy acertado que muestra muchas veces la intensidad de cada escena. Por ejemplo, el rojo de las escenas de sexo o el azul y fucsia de los momentos de reflexión de Theron.

El juego de primerísimos primeros planos con planos generales, junto con el tono ochentero de las luces y la banda sonora, juega mucho a su favor. Este aspecto unido a la expresa falta de heteronormatividad de la película la salvan.

Ya se conocía, desde la liberación del tráiler, que Theron y Boutella tendrían una especie de romance pero la forma de representarlo ha sido clara y sin rodeos. Nada de triángulos amorosos ni falsos acercamientos. Una relación entre dos mujeres que era muy buena hasta que acabó con el cliché que persigue a la representación del colectivo LGTB desde hace unos años: el tópico de la lesbiana muerta. Aunque justificada en esta ocasión, sumamos a la espía francesa Delphine a la  extensa lista, junto a Lexa de la serie The 100, o con Root de Person of Interest.

Los treinta millones de dólares que costó producir Atomic Blonde se reflejan pero sigue dejando ese sabor agridulce de lo que pudo haber sido y no fue.

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Estudiante de Periodismo en la Universidad de La Laguna, el séptimo arte me da la vida y yo la vuelco en un papel. Cinéfila y feminista. Fan de muchas cosas pero sobre todo de la vida. Redactora de PULL, Aula de Cine ULL, 35 Milímetros y Más Mujer Canarias. También en el  programa de radio en el Rincón de Ana Vega.