No se puede analizar la política en abstracto; es más, como en tantas actividades sociales, el análisis de la situación y del contexto es consustancial a la naturaleza de lo que se quiere esclarecer. De este modo, aquí nos hallamos: a finales de febrero de 2018, la crisis catalana enquistada en una lucha interna del soberanismo, y a la vez en el ámbito nacional, con dos batallas que sólo acaban de empezar: en la derecha, entre un PP enfangado en sus casos de corrupción con un Rajoy más Rajoy que nunca, y con un Ciudadanos que quiere protagonizar un sorprasso histórico aprovechando su éxito en las últimas elecciones catalanes con el efecto Arrimadas; y, en la izquierda, con un Podemos que pierde votos por su posición en Cataluña, y con un PSOE al que ni se le ve, ni se le espera, atado a un cesarista Pedro Sánchez que no acaba de despegar, y que sigue dando bandazos en su propuesta ideológica. Debemos darnos cuenta de lo anterior, para poder situar el presente y el futuro de Canarias:

Existe una corriente recentralizadora que, éste es nuestro pronóstico, irá a más y que tendrá consecuencias para nuestro Archipiélago, si el nacionalismo canario no es capaz de responderle política y socialmente en las siguientes elecciones.

La competición de la derecha nacional nos va a ofrecer muchos titulares absurdos y sonrojos ajenos: olvidar u obviar que el proceso de descentralización que encarna el Estado autonómico, nacido con la Constitución de 1978, ha protagonizado la mejor época de progreso de los últimos dos siglos de historia española, es ignorancia o, algo peor, manipulación burda de nuestro presente.

Por otro lado, la izquierda empieza a moverse y a comprender que las palabras nación y patria son fundamentales –ver declaraciones de Pablo Echenique: «Tenemos que arrebatar la palabra patria a la derecha»–, y, más bien, pronto que tarde, se unirán a esta nueva corriente recentralizadora que se predice muy importante electoralmente.

Lo volveremos a repetir una y otra vez: justamente por ello, es más importante que nunca recordar la ventaja del nacionalismo canario: no tener hipotecas externas a nuestra tierra para defender el interés general de Canarias –mientras tanto, los partidos centralistas (PP, Ciudadanos, PSOE y Podemos) seguirán su competición interna: no lo olvidemos–.