Comienza septiembre, y ya estamos inmersos en los últimos nueves meses antes de las elecciones de 2019 –local, insular, autonómica y europea–. Como siempre ocurre en el tiempo político, gran parte de las decisiones que toman los partidos hay que analizarlas desde esta clave: algo, en principio, normal y legítimo, y que caracteriza una democracia representativa del s. XXI.

Dicho esto, hoy más que nunca, es necesaria la claridad –además de cortesía filosófica como pedía Ortega y Gasset–, como antídoto frente a la ceremonia de la confusión en que se ha convertido el ecosistema comunicativo de nuestra sociedad hiperconectada.

Y, por ello, nos gustaría definir una diferencia conceptual que nos servirá de ayuda para analizar muchas de esas posiciones: la que se da entre centralismo explícito, y centralismo implícito –una diferencia que muchas veces pasa desapercibida por su propia naturaleza–.

CENTRALISMO EXPLÍCITO

Denominamos centralismo explícito a aquella posición política que sólo concibe las relaciones centro-periferia desde la visión asimétrica que ese centro se arroga en dicha relación política. Un ejemplo: cuando ciertos políticos se quejan del descuento de 75% para el transporte aéreo y marítimo para ciertos territorios, es decir, no comprenden, ni quieren admitir que haya territorios con unas singularidades que es necesario compensar –hecho que ya está legislado en la Unión Europea respecto a Canarias como región ultraperiférica–. No deja de ser irónico que esos mismos partidos se autoconciban como europeístas: como ven, el discurso político es capaz de soportar cualquier contradicción.

CENTRALISMO IMPLÍCITO

Por otro lado, definimos centralismo implícito como aquella posición política que invisibiliza, obvia, u omite necesidades o derechos de aquellos territorios que considera periferia desde su perspectiva. El matiz aquí es que es una estratega indirecta, más fácil de defender mediáticamente recurriendo a criterios y argumentos de diversa índole. Un ejemplo: el actual gobierno socialista de Pedro Sánchez con su cronificación y demora de la ejecución de partidas y convenios ya pactados en varias áreas, debido a que no lo considera como prioritario o viable en su agenda política.

Sí, eso es centralismo implícito, de ahí la clara diferencia entre un partido nacionalista, por ejemplo, Coalición Canaria, reivindicando aquello que necesita nuestra tierra, y aquellos que miran a otro lado. No, no engañan a nadie: es lo que tiene decidir desde Madrid, al menos, sepamos diagnosticarlo –centralismo explícito, o centralismo implícito–.