«Sororidad»: un término válido,

y de uso, cada vez, más común

En  una época donde reina la tecnología y se emplea la misma para satisfacer nuestras necesidades laborales, de ocio y entretenimiento; hay que tener en cuenta que puede irse mucho más allá. Más allá de compartir mensajes, conocer personas, contrastar información o informarnos.

Las redes sociales y el mundo de Internet son una plataforma de reivindicación: campañas contra el acoso escolar, la homofobia, el racismo, la corrupción, la explotación laboral… Son muchísimas, sin embargo, una de las que más ha arraigado, más debate y polémica ha creado, en sus múltiples variantes, es el feminismo.

Según la Real Academia Española (RAE), el feminismo es:

Del fr. féminisme, y este del lat. femĭna ‘mujer’ e -isme ‘-ismo’.

  1. m..Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechosque los hombres.
  2. m. Movimiento que se apoya en el feminismo.

No obstante, hablar del movimiento feminista en general no aportaría nada a este artículo; en cambio, las transformaciones en cuanto a la lengua que ha logrado el feminismo .

El simple hecho de que catedráticos, políticos, sociólogos, lingüistas y expertos de la lengua discutan sobre el lenguaje inclusivo o sobre la inclusión de determinados términos, construidos alrededor de una sociedad con raíces machistas y patriarcales tiene mucho mérito.

Ya no solo por la cantidad de mujeres y hombres que se suman al movimiento, sino por la capacidad de reflexión sobre lo ya establecido y cimentado, un paso hacia aquello que siempre ha estado ahí y hemos asimilado y que quizá no sea tan correcto y normal como creemos.

Centrándonos en la terminología feminista, hay que hablar sobre un término que se utiliza cada vez más en las redes sociales, y que en muchos discursos y noticias se escucha: sororidad.

La sororidad es un concepto feminista que se refiere a las ‘relaciones de solidaridad entre las mujeres’. Esta palabra viene de la raíz latina soror que significa «hermandad» y su uso busca promover relaciones de ‘respeto, armonía y complicidad entre mujeres de conviven en esta sociedad’. Además, de promover el respeto y el compañerismo entre todas las mujeres del planeta.

El  año pasado, en 2016, la Fundación del español urgente (Fundéu BBVA) dedicó un espacio a esta palabra y destacaba que

«Al ser una palabra bien formada, no hay inconveniente alguno en escribirla en redonda, si bien quizá sea oportuno emplear la cursiva –o, en su defecto, un entrecomillado– en textos de divulgación general cuando se considere que puede resultar nueva para el lector».

Aún teniendo la aprobación de los especialistas, surge el debate sobre el uso, al igual que ocurre con el lenguaje inclusivo, ¿de qué sirve intentar modificar la lengua si la sociedad sigue conservando esas raíces machistas y arcaicas?

Quizá este cambio que se promueve, sobre el lenguaje, llegue cuando la lucha feminista no sea malinterpretada y haga mella en una población dispuesta a ver que la base en la que hemos solidificado nuestros valores y conocimientos tienden a la desigualdad. Pero mientras esto ocurre, porque está ocurriendo, la idea de que los y las feministas usen este concepto, ya no solo para promover la solidaridad sino para cambiar las relaciones, donde no cabe la rivalidad, los celos y la envidia, sentimientos que la sociedad ha construido para que crear una barrera y abrir más la brecha de disparidad entre las féminas, es necesario.

En palabras de Marcela Lagarde, antropóloga y feminista mexicana,

«La alianza de las mujeres en el compromiso es tan importante como la lucha contra otros fenómenos de la opresión y por crear espacios en que las mujeres puedan desplegar nuevas posibilidades de vida»

Por lo tanto, la sororidad es una práctica aplicable a todos los aspectos y ámbitos de la vida. Más que un término, pero, aún así, una palabra curiosa que sigue la misma norma lingüística que fraternidad; sin embargo, en lugar de utilizar la raíz frater- (‘hermano’) emplea sóror- (‘hermana’).

El origen de la palabra es latino, pero, el concepto surgió en los años 70, cuando la activista Kate Millet lo mencionó en una protesta (sisterhood). Años después, el movimiento feminista francés adoptó la palabra «sororité», del latín, y es así como llegó a España y buscó su propio espacio en nuestra lengua.

Sororidad, un término válido

Según un artículo de la periodista Mónica Cruz para Verne El País la palabra sororidad, a pesar de no disponer una definición oficial en el diccionario de la RAE, fue buscada en 2013 en su diccionario en línea 5.413 veces.

En conclusión, sororidad es un término válido, aparentemente de uso cada vez más común en la sociedad hispana. Una idea poderosa si es bien aplicada que solo el paso del tiempo dirá si traspasó los cimientos y transformó «lo que siempre había sido» en «lo que siempre debió ser»: un mundo donde todos los seres humanos sean respetados y tratados en igualdad de condiciones.