GARAJONAY

Parque Nacional de Garajonay

Hay joyas que tienen un valor inapreciable, algunas por la valía que poseen, otras por el poder de evocación que despiertan en sus propietarios –por lo que nos hacen recordar–. Para Canarias, el Parque Nacional de Garajonay tiene un valor inestimable. Nos emocionamos, cuando recordamos la mágica sensación que nos invade al pasear por sus senderos –naturaleza que sobrecoge–; y, además, es una de las más bellas expresiones de la naturaleza en las Islas de la Macaronesia: Un tesoro de La Gomera y un gran orgullo para Canarias.

Se trata de un bosque húmedo fascinante, paradigma de la laurisilva canaria, que nos descubre sus misterios entre senderos serpenteantes, espectaculares vistas hacia paisajes de ensueño y una orografía que testimonia un origen volcánico, propio de otras épocas.

Además del esplendor natural, el bosque encierra la leyenda de una de esas hermosas historias de antaño, que revela qué somos capaces de hacer los seres humanos por un amor verdadero. Nos referimos a la bella historia de Gara y Jonay, los dos jóvenes aborígenes de las islas, de quienes –en recuerdo de su hermosa historia de amor–, tomó nombre el bosque que los vio marchar.

Como puedes intuir, el Parque nacional de Garajonay es una visita obligada para todos aquellos que «se acercan» a la hermosa isla colombina –o tienen pensado hacerlo–. Otras veces, sin embargo, una decisión repentina –como dedicar el próximo fin de semana para hacer una excursión por el Garajonay– puede conducirnos a descubrir tesoros inesperados…

ANAGA

Parque Rural de Anaga

Otro de los bellos bosques húmedos de Canarias se encuentra en la isla de Tenerife. No es ningún misterio que uno de los mayores atractivos de Tenerife es «su verde». Y así es la verdad: desde antiguo, en la isla ha habido un amor especial por la vegetación, quizá en un intento de preservar ese sentimiento de comunión con la naturaleza que nos sobreviene estando de acampada, practicando senderismo o –cuando sin haberlo planeado–, nos sorprendemos merendando entre árboles, en mitad del monte.

Santa cruz es un buen ejemplo de ello: en avenidas, ramblas y calles se cuida con esmero una variedad singular de parques, jardines y flores ornamentales que embellecen y resfrescan la ciudad. Tal vez, un modo de tener la esencia de nuestros montes presente en nuestro día a día.

Uno de esos montes se encuentra en la abrupta Península de Anaga, cuya altitud y orografía favorece la presencia constante de la humedad que transportan los vientos alisios; sin duda, el más preciado secreto de cuantos atesora este espacio natural único:

«De gran relevancia paisajística, natural y cultural, en el Parque Rural de Anaga los elementos geomorfológicos encuentran una óptima y variada expresión; algunos altamente representativos de la geología insular y de excepcional singularidad e interés científico (…). Existen yacimientos paleontológicos de interés científico, asentamientos humanos que configuran un paisaje rural, armónico y de gran belleza. Además de un gran valor cultural derivado de la utilización del área por los aborígenes, como comarca histórica de habitación y pastoreo».

Wikipedia

Tras esta descripción, no sorprende que, con cumbres y montañas que rondan en torno a los mil metros de altitud, la humedad que impregna las laderas de las cumbres contribuya al esplendor de un bosque húmedo de espectacular belleza. Otro singular ejemplo de nuestra Laurisilva canaria.

La buena noticia para visitantes, senderistas y excursionistas es que, además del espíritu conservacionista con el que se ha preservado el Parque rural de Anaga; se ha provisto, también, de una excelente red de carreteras y senderos –bien señalizados y habilitados– que permite que nos podamos «perder» entre sus 14.400 hectáreas de extensión.

Leave a reply

Please enter your comment!
Please enter your name here