Como siempre ocurre, la interpretación de quién protagoniza y capitaliza políticamente un avance o un progreso es conflictiva. Mucho más en nuestra tierra, que ha sido históricamente tratada como un territorio de segundo nivel desde el centralismo de Madrid: sí, y también lo sería ahora si no hubiera un Gobierno nacionalista de Coalición Canaria (CC-PNC), presidido por Fernando Clavijo.

POLÍTICA FICCIÓN

Aún así, no deja de ser sorprendente la desfachatez de María Dolores de Cospedal, la secretaria general de los populares y Ministra de Defensa, con las siguientes declaraciones:

«Tenemos en el corazón de nuestras políticas a la agenda canaria, que es del Partido Popular. Hemos mejorado la financiación, las infraestructuras y todas las medidas para incentivar el empleo».

El PP es «el partido que mejor ha entendido las necesidades especiales de Canarias para contrarrestar el hecho de ser una región ultraperiférica».

Sólo en la política ficción se pueden creer semejantes afirmaciones:

¿Cree alguien en Canarias que si no necesitase el voto de CC-PNC, el PP hubiera asumido todos los avances de la agenda canaria?

¿Cree alguien en Canarias que el corazón pepero late por un territorio del que sólo se acuerdan cuando lo necesitan para aprobar los presupuestos?

¿Cree alguien en Canarias que el mismo gobierno que incumplió sistemáticamente una inversión en carreteras ya acordada como castigo por una relación fría en el plano bilateral, se ha vuelto «espontáneamente» amante de la idiosincrasia canaria?

No, no se lo cree nadie

Justamente por todo lo anterior, es necesario repetir la necesidad de un gobierno nacionalista en Canarias, y recordar lo obvio para que no vengan a tomarnos el pelo: La agenda canaria es consecuencia de la tenacidad negociadora del gobierno nacionalista de Fernando Clavijo.

El Gobierno de Fernando Clavijo y su agenda canaria

Somos gente cálida y acogedora, pero no somos estúpidos para que este centralismo rancio venga a acariciarnos con falsedades y tópicos de argumentario superficial. Como ven, desde Madrid la perspectiva siempre es paternalista, pero no, no somos niños.