El inicio de legislatura está decantando cómo habrá que referirse al nuevo gobierno autonómico de Canarias: El GOBIERNO PINOCHO de Ángel Víctor Torres. Este presidente está acrecentando su apodo en las sucesivas entrevistas que está teniendo con los ministros del gobierno socialista del arrogante Pedro Sánchez: Ángel Víctor Torres, el ADULÓN.

Miren las fotografías donde sonríe con la despistada M. Jesús Montero o con el rencoroso José Luis Ábalos: nunca se ha puesto de rodillas tanto Canarias como lo está haciendo ya con Ángel V. Torres, el Adulón. Todo son declaraciones vacías y un mantra que se repite a cualquier petición de aquello que se debe a nuestra tierra: cuando haya gobierno, se podrá resolver, mientras Ángel V. Torres, el Adulón, sigue sonriendo, sometiéndose a lo que le dicen sin ningún rubor –nos filtran ya lo siguiente: empieza a haber socialistas canarios a los que les da vergüenza ajena la actitud de su presidente con el más rancio centralismo–.

Pero no olvidemos a otro personaje que es cómplice de este Gobierno Pinocho: Román Rodríguez, el Guanarteme del centralismo socialista que ha comprado y que guarda silencio con todas las tropelías que el soberbio Pedro Sánchez ha hecho y sigue haciendo con Canarias: ¿qué importa comprobar que el gobierno centralista de tu socio ha ahogado las cuentas de la que dices que es tu tierra intencionadamente? ¿Qué importa que te tomen el pelo a la cara los sucesivos ministros obligándote a sonreír con su cómplice Ángel V. Torres, el Adulón? ¿Qué importa que se engañe a la opinión pública y la ciudadanía canaria con promesas vacías y declaraciones que, en el fondo, te dicen: «Date la vuelta y calladito para tu tierra»?

Acaban de empezar y si se fijan ya empieza a surgir un fenómeno anatómico en ambos personajes: la nariz crece desmesurada de Ángel Victor Torres, el Adulón, y de Román Rodríguez, el Guanarteme del centralismo socialista. Es para echarse a llorar: lo que nos queda con este GOBIERNO PINOCHO