Lo hemos repetido muchas veces en este rincón de Somos Canarias: los partidos centralistas tienen su poder de decisión en Madrid, y lo que es más importante, Canarias no es el interés prioritario ni en sus estrategias, ni en su táctica inmediata.

Hemos vivido en el anterior gobierno conservador de Mariano Rajoy bajo el peso decisivo de los votos del nacionalismo canario (Coalición Canaria, Nueva Canarias), algo que ha terminado con la irrupción del gobierno socialista de Pedro Sánchez: ya no somos importantes en sus cálculos políticos, y hemos pasado a ser un factor secundario en su agenda política. Más allá de su retórica, los hechos hablan por sí solos en este nuevo escenario. Así lo habíamos escrito en un artículo anterior:

«Este es un dilema que debemos afrontar: o comprendemos las evidentes consecuencias del centralismo, o las asumimos acríticamente como ha pasado en gran parte de nuestra historia. No puede parecer extraño lo que ha ocurrido con el descuento de transporte del 75%, y que amenaza con nuevos capítulos: cuando dejas de tener importancia en la agenda política nacional, pasan estas cosas, algo que se había olvidado por parte de algunos en nuestro archipiélago. El voto del nacionalismo canario (Coalición Canaria y Nueva Canarias) ya no es decisivo, y lo más inquietante, se empieza a entrever una sinuosa estrategia de ninguneo respecto a esa voz política nacionalista –Nueva Canarias, al fin, se está dando cuenta–».

Pues sí, ha vuelto a pasar y les contamos cómo: el gobierno centralista de Pedro Sánchez ha decidido congelar el dinero que iba a ser destinado a las partidas de aguas de nuestra tierra, exactamente el Convenio canario de Obras Hidráulicas firmado por Mariano Rajoy, y que fue consecuencia de la fuerza negociadora del nacionalismo canario. Ya ven, a los socialistas del PSOE les da igual lo que está comprometido para nuestro archipiélago. Lo dicho: en Canarias,

¿Quién se puede sorprender del centralismo?