Hoy entrevistamos a Juan Ruiz Alzola. Doctor ingeniero en Telecomunicación, entre los años 1992-1999 ejerce de profesor titular de la Escuela Universitaria, Área de Conocimiento de Teoría de la Señal y Telecomunicaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; profesor titular en el Área de Conocimiento de Teoría de la Señal y Comunicaciones de la ULPGC, así como Visiting Research Fellow y Visiting Associate Profesor de la Universidad de Harvard, EEUU.

Ha dirigido múltiples proyectos de investigación, tesis doctorales y es autor en más de cien publicaciones científicas. Ha sido, asimismo, Director de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información del Gobierno de Canarias.

No se lo pierdan su blog: Labor Omnia Vincit, allí podrán encontrar su opinión fundamentada de muchos de los temas que abordamos en esta entrevista, con un compromiso claro y personal con una Canarias abierta a la globalización del s. XXI que se está haciendo ya.

Disfruten de esta gran entrevista en Somos Canarias.

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SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN

Estamos aún, mayoritariamente, presos de una mentalidad industrial en el ámbito educativo. Esto no quiere decir que no se esté innovando y creando otra posible educación desde varias iniciativas individuales y colectivas. Dicho esto: ¿cuáles son los principales obstáculos para superar esa educación industrial, un ejemplo claro de anacronismo en nuestra sociedad de la información?

En muy buena medida el modelo educativo mantiene muchos de sus rasgos iniciales. Realmente se origina en una sociedad pre-industrial, la Prusia de Federico II, estado modelo del absolutismo ilustrado. No es de extrañar que el sistema tuviera un doble objetivo: educar y mantener la disciplina. Este modelo de escuela prusiana se adaptó bien al capitalismo industrial incipiente. Sin duda había un propósito de mantener el orden social pero, siendo también realistas, es difícil imaginar un modelo educativo alternativo, que pudiera formar a una población creciente en las aglomeraciones urbanas que surgen con la industrialización y que respondiera a sus necesidades.

Sin embargo, los tiempos han cambiado y la tecnología brinda nuevas posibilidades. El modelo tradicional, de carácter unidireccional y sustentado en la clase magistral, puede ser, ahora sí, superado por métodos de aprendizaje activo. Más modernos, podrá pensarse, pero también con muy nobles raíces clásicas. ¿Qué es si no la Mayéutica socrática? Sócrates tenía pocos alumnos, y podía permitirse enseñarles mediante diálogos en sus paseos. Surgía así una aprehensión del conocimiento natural, basado en la experiencia que él asimilaba al oficio de su madre, comadrona: enseñar es ayudar a que nazca el conocimiento. Para él, tal vez, el conocimiento era innato. Nosotros podemos adaptar su idea asumiendo que es nuestra capacidad de conocer lo que lo es.

Curiosamente Platón pone en boca de Sócrates, en su diálogo con Fedro, lo que sin duda fue la primera pugna de tecnología educativa de la Historia. En este caso, Sócrates, desconfía de la escritura –y, por tanto, de la lectura- por cuanto no favorece el aprendizaje activo. Y tal vez Sócrates haya tenido parte de razón durante dos mil cuatrocientos años.

En la actualidad el aprendizaje activo puede hacerse realidad. Un buen ejemplo son las aulas invertidas o flipped classrooms, que acompañadas de otras iniciativas como la Academia Khan, Coursera o Udacity representan un innegable cambio de paradigma educativo. En cualquier caso, las dificultades para la innovación educativa no son menores. El sistema educativo, como gran sistema social que es, requiere suma prudencia en su gestión. Los protagonistas del mismo son personas, profesores y estudiantes, y como sucede siempre con los procesos de absorción tecnológica, son las cuestiones psicosociales las más complicadas de resolver.

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GLOBALIZACIONES SIMULTÁNEAS

La globalización en singular es un concepto genérico y, en esa medida, equívoco por su indefinición. En verdad, estamos interrelacionados en varias globalizaciones simultáneas, con diferentes ritmos según los contextos que analicemos. La educación del s. XXI debe responder a ese proceso constante de cualquier elemento, proceso y estructura en nuestra época: local/global, y global/local. Profundizando en esa dirección, no podemos olvidar las sombras que en esa complejidad en red se están formando: ¿cuáles son las principales brechas que se están produciendo, en su opinión, en nuestra época actual?

La globalización no es un proceso nuevo. La influencia entre grupos humanos ha estado presente desde que nuestra especie afirmó su presencia en este planeta azul. Con frecuencia los flujos e intercambios enriquecieron a unos y otros. Pero también es cierto que culturas completas fueron expulsadas de la Historia por otras tecnológicamente más avanzadas. Estos procesos eran, por lo general, muy lentos o muy violentos. El paso del bronce al hierro en el Mediterráneo Oriental creo que es un buen ejemplo de ello, con episodios sumamente bruscos, aniquiladores de antiguas civilizaciones, acompañados de difusión e intercambio comerciales, culturales y tecnológicos mucho más sosegados. Similar consideración puede hacerse de las campañas asiáticas de Alejandro, bruscas, pero cuyos efectos decantaron durante siglos un verdadero mestizaje cultural e, incluso, religioso. ¿O qué decir del desplazamiento en el norte de África de la presencia grecolatina por el Islam, también enormemente veloz? No deja de ser llamativo que fueran pensadores árabes quienes preservaron las enseñanzas de muchos de los maestros de la Antigüedad, facilitando su canalización hacia la escolástica medieval europea. La recepción del Derecho Romano en Bolonia, a final del S. XI, a partir de la ingente recopilación promovida por el emperador bizantino Justiniano en el S. VI, y su expansión por toda Europa a partir del S. XII es también digna de mención como fenómeno globalizador. La invención por Gutenberg de la imprenta de tipos móviles en el S. XV aceleró la difusión de las ideas, y contribuyó a la globalización de su tiempo. No sólo facilitó el acceso al conocimiento escrito fuera de los monasterios, sino que sustentó cambios radicales. La Reforma, el Renacimiento y la Ilustración fueron movimientos globalizadores que no podrían entenderse sin la imprenta. El S. XVIII suma otra innovación tecnológica de relevancia global: la máquina de vapor revolucionó la industria, el transporte y, con ello, el comercio. La automatización, conjuntamente con la imprenta, dio lugar a las revoluciones liberales y, seguidamente, al movimiento obrero. Y una nueva innovación tecnológica, la electricidad, aceleró aún más los procesos globalizadores: la invención del telégrafo, que algunos llaman la Internet Victoriana, tuvo un impacto social y económico global que nada tiene que envidiar al producido en la actualidad por la revolución de la sociedad de la información.

Sin embargo, la globalización es hoy en día más acelerada de lo que nunca lo haya sido antes. Es una versión, tal vez más intensa, de la que existió a finales del S. XIX y principios del S. XX. Los intercambios de información son ahora inmensamente mayores y más accesibles que entonces. El comercio internacional también ha crecido en términos relativos, a pesar de las múltiples barreras que pueda tener. Aunque los flujos migratorios, aun siendo muy importantes, hoy por hoy no llegan a tener la incidencia que tuvieron la emigración europea y asiática hacia América en el paso del S. XIX al XX.

La globalización, ayer y hoy, se sustenta en la innovación tecnológica. Nadie puede evadirse de una competición que, en distintas arenas, se libra globalmente. La destrucción creativa es, en el ámbito económico de nuestra época, su rasgo más significativo, como ya advirtió Schumpeter a mediados del S. XX. Y ello tiene consecuencias que, localmente y en el corto plazo, pueden ser negativas cuando las sociedades no innovan, también educativamente, para poder competir con éxito.

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ESCUELA ACTUAL

En la mentalidad popular el romanticismo sigue presente a la hora de explicar qué es la creatividad: en ella la inspiración individual sería el gran eureka. En una obra deliciosa, Mentes creativas: una anatomía de la creatividad, Howard Gardner analiza diferentes tipos de creatividad, en una aplicación histórica de su teoría de las inteligencias múltiples, valiéndose de las biografías y contextos de Sigmund Freud, Albert Einstein, Pablo Picasso, Igor Stravinsky, T. S. Eliot, Martha Graham y Mahatma Gandhi. Una lectura desmitificadora y llena de matices. Una obra que me provocó muchas preguntas, comparto dos con usted: ¿piensa que nuestro país es un contexto social y cultural adecuado para que se desarrolle ese capital creativo que, sin duda, tiene? ¿Dónde está la escuela actual -Ken Robinson debe estar sonriendo- en este reto de la personalización del aprendizaje, único camino para desarrollar la creatividad de cada alumno en la educación formal?

El Romanticismo surge como contracultura a la razón de la Ilustración. Es un eslabón más en la dialéctica del devenir social, que tan bien Hegel explicó (y Marx adaptó y aprovechó). La realidad, en mi opinión, es que las personas somos, al tiempo, razón y emoción. Y pienso que ambas están tras cualquier mente creativa. Por otro lado, la inteligencia humana tiene una naturaleza multifactorial. No podemos calificarla unidimensionalmente, graduándola sobre una recta. Son muchas, y de muy diverso tipo, las destrezas que, sobre un lecho de razón y emoción, conviven para dar lugar a eso que llamamos inteligencia. Coincido, por tanto, con la visión de Gardner en relación a las inteligencias múltiples.

Pero creo necesario hacer hincapié en que las personas somos seres sociales. Sólo parte de nuestra etología, como especie, puede explicarse en términos de genes. Los memes son los elementos determinantes de la configuración de nuestra organización, como ya postulara Dawkins. Se trata de hechos culturales que varían, transmiten y se auto-replican en los grupos sociales, dando lugar a comportamientos ganadores y perdedores, tanto en la competición entre grupos sociales como globalmente entre sociedades. La educación es un elemento introductor de memes ganadores aunque, con frecuencia, las defensas de los grupos sociales pueden verlos como elementos invasivos indeseables para su propia subsistencia. No deja de ser una variante lamarckiana de la evolución genética de las especies aplicada al ámbito social.

Y nosotros, en España, en Canarias, en Latinoamérica, hemos desarrollado también nuestros memes. Y algunos de ellos no son los más adecuados para albergar la innovación científica y tecnológica, aunque se han mostrado enormemente fructíferos para la creatividad cultural, entendida ésta en términos convencionales asociada al arte, la literatura, la filosofía… Yo soy yo y mis circunstancias, decía Ortega. Muchas de nuestras circunstancias lastran el desarrollo científico y tecnológico. Es un debate que no es nuevo. Conocida es la pugna entre Ortega y Unamuno al respecto. De hecho, las dos culturas de Snow sí pueden verse reflejadas en las distintas visiones de uno y otro. ¡Qué inventen ellos! fue la lapidaria sentencia que un gran intelectual, Unamuno, puso en boca de Román, en literario diálogo con Sabino, dentro del Pórtico del Templo (1906).

A la hora de explicar el diferente desempeño de unas sociedades y otras en cuanto a producir y aprovechar innovación científica y tecnológica, no he encontrado mejor argumentación que una sumamente controvertida. La publicó el sociólogo alemán Max Weber en 1905, en forma de un librito de título “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”. Sí, me temo que los memes proporcionados por la Reforma Protestante incidieron en el desarrollo del capitalismo y, por tanto, las sociedades que compartían esa ética protestante son las que están mejor pertrechadas para producir y aprovechar innovación.

Tal vez sería conveniente que nuestro sistema educativo se fije en el anglosajón, y le preste atención a la difusión de ciertos valores generalmente asociados al éxito creativo de innovaciones científicas y tecnológicas: ética del trabajo y del éxito, tolerancia al fracaso honesto, intolerancia con la picaresca. Ello debiera de ser posible hacerlo sin renunciar a nuestra propia personalidad latina, y a nuestros valores solidarios, aunque qué duda cabe: es un proceso, cuando menos, controvertido y complejo. Y qué duda cabe, las ideas de pedagogos anglosajones de la talla de Ken Robinson, que enfatiza currícula multidisciplinares, y el fomento individual de la curiosidad y la creatividad, me parecen enormemente interesantes.

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NUESTRA REALIDAD UNIVERSITARIA

Desde su perspectiva de análisis -sin caer en la opinología catastrófica que tanto prolifera-, tan interesante por su experiencia personal y profesional (su estancia en Harvard): ¿cuáles son los puntos fuertes y débiles de nuestra realidad universitaria en España y Canarias?

La universidad española tiene una oportunidad global: el español. Debiera ser capaz de jugar un liderazgo que persiga un interés común, en pro del desarrollo científico y cultural, con naciones hermanas latinoamericanas, con cuyos pueblos tenemos mucho en común, además del idioma. Ello sin renunciar en absoluto a nuestra condición europea, sino siendo un puente entre Europa y América, y un punto de encuentro de creadores, intelectuales, científicos y tecnólogos de habla española. Un papel semejante debiera jugarse, al menos, con ciertas áreas de África, tanto por proximidad geográfica, como por vinculación a través de los recientes flujos migratorios, sin olvidar la responsabilidad como antigua metrópoli de algunos territorios africanos. Pienso que la Universidad española tiene, por todo ello, un potencial enorme como punto de encuentro de Europa, América y África. La lengua española es un enorme activo que debemos aprovechar y compartir para ello. Y, ciertamente, lo dicho en general para la Universidad española, lo veo especialmente adecuado para la Universidad canaria.

Aprovechar las oportunidades no sólo significa identificarlas. En un mundo globalizado y competitivo hay que hacer las cosas mejor que los demás. En mi opinión, nuestra principal limitación es de carácter organizativo. De nuevo, nuestros memes tienen una preferencia algo ácrata y tal vez bohemia. No está mal, si somos capaces de canalizar esa proactividad fortaleciendo nuestras estructuras académicas, sociales y económicas. Pero, de momento, los problemas organizativos no están, ni mucho menos, resueltos. Ni en nuestro sistema educativo, ni en la universidad, ni en nuestro sistema de innovación ni, lo que es más grave, en nuestra arquitectura territorial. Por supuesto, la escasez de recursos complica aún más las cosas. Ya lo dice el dicho: las penas con pan son menos penas. Pero, al menos es mi convicción, nuestro problema principal es de carácter organizativo, de insuficiencia de aprovechar el talento individual en la conformación de un verdadero capital social relacional que proporcione bienestar. Y ello afecta a la universidad y al resto de estructuras institucionales y sociales.

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CREATIVIDAD ACTUAL

En su última obra: Los innovadores. Los genios que inventaron el futuro, Debate, 2014, Walter Isaacson, nos propone un recorrido histórico apasionante de la revolución digital, con sus grandes personajes e hitos imprescindibles. Demuestra asimismo en una narración equilibrada (reivindicando justamente la aportación femenina tantas veces silenciada: Ada Byron, o Grace Hopper) la necesidad de un ecosistema colaborativo para que esas mentes creativas puedan innovar: el mito del garaje de Sillicon Valley no se sostiene histó Hay muchas líneas de reflexión, pero quiero subrayar una que Walter Isaacson ya había adelantado en su famosa biografía de Steve Jobs: la importancia del cruce entre humanidades/arte y la tecnología para explicar la innovación actual. Aplicándolo a nuestro presente: ¿cree que existen organizaciones económicas y educativas conscientes de esos cruces y fertilizaciones para una creatividad actual, y que se hará cada vez más patente en el futuro inmediato? ¿No es la innovación organizativa fundamental para posibilitar esos espacios y cruces en nuevas estructuras?

Ciertamente. Son los aspectos organizacionales los que determinan el mayor o menor éxito de las sociedades y de los grupos sociales. Como ya he indicado anteriormente, la teoría evolutiva de las sociedades de Dawkins, basada en memes, me resulta atractiva y convincente. Las innovaciones organizativas surgen espontáneamente. Algunas progresan socialmente; otras no. Aquéllas que lo hacen y configuran estrategias ganadoras, equipan mejor al grupo social en su competición con otros grupos sociales y se refuerzan. Si un miembro de un grupo social es separado y trasladado a otro, generalmente se comportará, no le dejarán otra opción, conforme a los criterios organizativos del grupo en el que se integre.

Ya hemos hablado también de la importancia de una aproximación holística a la complejidad del mundo que nos rodea. Y esa complejidad incluye, por ejemplo, convicciones estéticas, que fueron sumamente en el éxito de Steve Jobs y Apple. La ingeniería, qué duda cabe, era importante. Pero no lo era menos la experiencia que, un visionario como Jobs, concibió para los usuarios de sus dispositivos. La ingeniería estuvo al servicio de la experiencia pretendida. Y en ello residió buena parte de su éxito. Cada vez más podemos advertir cómo los tradicionales sectores económicos se confunden. La industria y los servicios van de la mano en la nueva economía. En muy buena medida, la industria proporciona la respuesta tecnológica a las necesidades de los nuevos servicios, pensados para clientes cada vez más exigentes y difíciles de sorprender. La competitividad económica dependerá de las experiencias que las empresas brinden a los consumidores y, lógicamente, de las tecnologías que hagan posibles tales experiencias.

Es indudable que estimular la innovación requiere que ésta incluya las formas de organizarse, de forma que pueda aprovecharse la fertilización cruzada entre las diferentes y novedosas formas, no sólo, de pensar sino, también, de sentir. A fin de cuentas, eso es la creatividad: nuevas formas de pensar y de sentir. La separación de nuestros aspectos racionales y emocionales es artificial. Puede ser útil para establecer categorías conceptuales. Pero todas las personas combinamos ambas. Los artículos ¡Pero qué pesados con la innovación! y ¿Reindustrialización o nueva industrialización? Abundan sobre algunas de estas cuestiones.


Gracias por esta entrevista a Somos Canarias: una voz fundamental, Juan Ruiz Alzola.