España y el

castellanocentrismo

El castellanocentrismo es un presupuesto que ha limitado históricamente el relato de una España plural. Gran parte de la intelectualidad hispana ha recaído en el mismo, explícita o implícitamente.

De este modo, podemos definir el castellanocentrismo como la estrategia de relatar ese devenir que es España, desde el centralismo continuo de Castilla y de las características que se asocian a ella.

Y nuestra intención está relacionada con nuestro presente y futuro: sólo desde una España federal, reconociendo las diferencias que hay en ella –y simultáneamente, desde esa lealtad que supone una unión federal–, se podrá empezar a solucionar el problema histórico de la organización territorial del estado.

Lo anterior, es de crucial importancia para nuestro Archipiélago, porque será en ese nuevo escenario donde se concrete qué y cómo se relacionan esas dos realidades de Canarias y España.

El castellanocentrismo es peligroso y anacrónico porque ha servido a un nacionalismo español esencialista como estrategia para explicar ese nosotros y ellos desde sus coordenadas. Nuestra perspectiva es la contraria: ni España es sólo Castilla, ni España tiene proyecto como presente y futuro desde un nacionalismo centralista, corto de miras.

Es justamente el pluralismo y la diversidad de la geografía, clima, territorio e historia de la realidad española, lo que confiere a este país un atractivo e idiosincrasia propia. Dicho esto, los nacionalismos centrifugadores, independentistas, son en este momento los grandes herederos de ese nacionalismo esencialista que ya no tiene sentido en la interdependencia de la globalización del s. XXI.

Lo que conlleva una consecuencia que otro día abordaremos: ¿qué y cómo se configura el nacionalismo como una ideología vigente en el s. XXI? No hay relatos únicos, ni debemos dejar en nuestra joven democracia que nadie nos los impongan desde un supuesto nuevo nacionalismo esencialista.

El mundo está lleno de matices, y el que reivindicamos es un matiz que quiere ser categoría política. Que nadie nos los niegue.