Uno de los peligros de la era digital es la tentación de que la esfera pública sea monopolizada por los grandes simplificadores. Estos perseveran en mentir y difamar en el debate político, justificando que su lucha es por la defensa del “interés público”; y sin embargo, son sofistas de bajo vuelo: cuando el poder judicial dicta sentencias que son acordes con sus intereses, alaban que por fin se ha realizado justicia; ahora bien, cuando ese mismo poder judicial (en este caso, el Tribunal Supremo) desvela la falta de fundamento del “caso Grúas”, e incluso, explicita el buen proceder de los encausados, ya no se está de acuerdo: se insinúan oscuros intereses, y se activa otro caso de la misma naturaleza que el anterior en una sincronización mágica con la fiscalía anticorrupción.

En el fondo, lo que se desvela es una mentalidad autoritaria, dogmática, basada en una moral obsesiva y maliciosa que con la ayuda de un claro ejercicio de despotismo judicial, se cree que puede borrar de la esfera pública a aquellos adversarios políticos (para ellos enemigos) que ellos decreten. Da igual, han quedado en evidencia, y no sólo ello, sino que ese tipo de actitud se les volverá en el tiempo contra ellos: los inquisidores suelen acabar en las hogueras que ellos mismos insisten en alimentar.

El gobierno nacionalista (CC-PNC) de Fernando Clavijo y su compromiso leal e incondicional por Canarias
El gobierno nacionalista (CC-PNC) de Fernando Clavijo y su compromiso leal e incondicional por Canarias

Ejemplo político y moral

Frente a lo anterior, queda el ejemplo político y moral de Fernando Clavijo: ha resistido tanto él como su familia la mayor campaña mediática y política de descalificaciones e insinuaciones que se ha dado en la historia democrática de Canarias, y todo con un objetivo: no podía volver a ser presidente. Lo han logrado, pero el Tribunal Supremo ha sentenciado su inocencia y evidenciado la estrategia maliciosa de estos inquisidores oportunistas y autoritarios. Gracias, Fernando Clavijo: necesitamos a políticos nobles y limpios que con sus formas y conducta dignifiquen nuestra tierra frente a tanto simplificador lleno de ruindad.

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