Eurasiáfrica, si recordamos bien, estuvo unida, no sólo por tierra como en nuestros días, sino por hazañas de hermanos inquietos: con los antiguos egipcios, fenicios, helenos, cartagineses, celtas, romanos y tantos…

Por tierra y mediterráneamente (enmediodelatierra) como puente culturalcomercial entre tantas culturas, que no todo encuentro entre personas es negocio, aunque sí beneficioso, como afirmarían los substantivistas de Mauss y Polanyi. Como epítome de tierra de encuentros tenemos Sicilia… Latinos y galos compartían lenguas similares… Galos y gálatas podían entenderse siglos después de separarse y los tan europeos germánicos tienen orígenes asiáticos. Los indígenas indianoamericanos también, bienllamados indianos a pesar del error colombino…

Todos los homo más o menos sapiens sapiens somos africanos modernos con mestizaje neandertalense, todos iguales aunque diferentes… No hemos así de pensar en barreras, a mi parecer, sino en puertas, ventanas, portales, capítulos, ciclos, semejanzas, umbrales… Construcción de identidades en praxis… Presente, futuro, pasado… el tiempo relativizable y las ocasiones… Ser, así, conscientes de ello, dueños de nuestra memoria, ya que sabemos que ésta, por estudios de la Neuropsicología, gusta de buscar sentidos más que datos precisos…

Y el sentido es patrimonio y prerrogativa de líneas en movimiento, de jornadas de viaje. Una de las muestras de esas barreras estriba en dejar de considerar los puentes tendidos por el Imperio Bizantino: debemos recuperar un milenio de puentes mediterraneados entre Asia y Europa, desde los autoproclamados verdaderos romanos que lo hacían en Griego antiguo, que conservaron los textos clásicos (algunos nos llegaron, empero, en caravasariano y culto Árabe desde ellos) y nos enseñaron a sentarnos a la mesa, a comer, al menos en público, que conquistaron las formas italianas desde puertos adriáticos y tirrenos, procurando mimos orientales a venecianos y genoveses, engendrando Edipos con ínfulas de fagocitante imperio, dando manos y abrazos a Machiavellis y Cavours…

Todo ello sin dejar de encardinar en qué punto queremos considerarnos en cada momento. Libertad navegando el mestizaje. Como toda práctica espiritual requiere de atención, tiempo, diálogo, intención, actitud, esfuerzo…

Y, por qué no: disfrute