Donde danza contemporánea y personas mayores se encuentran

La belleza de sus edades

La accesibilidad de las técnicas de baile contemporáneas brinda nuevas oportunidades que destruyen las nociones de vejez convencionales.

El retrato de diez mujeres de avanzada edad vestidas con distintas músicas que se acompasan a sus bailes puede antojarse extraño. Sin embargo, el trabajo de la bailarina, coreógrafa y artista Carlota Mantecón (Tenerife, 1984) investiga el movimiento que se genera en cada individuo para democratizar y airear lo que ella atisba a describir como «un cuerpo que siempre habitamos pero que en gran medida desconocemos». Justo ahí nace su proyecto ‘Principiantes’, donde mujeres de 65 años exploran su corporalidad y desatan los cabos de la gestualidad y el simbolismo escénico.

La práctica de la danza contemporánea rebasa los márgenes de la edad. Mantecón incide en la necesidad de ‘escuchar’ al cuerpo para descubrir que los límites «los define cada persona, el grupo».

A partir de ahí los individuos pueden escucharse y entenderse, construir y significar sus movimientos para crear una danza donde los gestos más nimios pueden decirlo todo. La belleza de toda esta práctica «no atiende ya tanto a la habilidad o al vigor, sino a la cualidad del movimiento, algo que se separa de los cánones clásicos de la danza», apunta Javier Cuevas (Murcia, 1973), el director del Laboratorio de Artes Escénicas en vivo del Teatro Leal de La Laguna (Leal.Lav), un espacio financiado públicamente por el Ayuntamiento donde se han celebrado los talleres.

«Se trata de tener una conciencia del cuerpo y de cómo se mueve», añade Javier. Un cuerpo con conciencia de sí mismo y sin la necesidad de tener una técnica concreta es una pieza primigenia mediante la cual se entabla una relación entre narrativa y coreografía. Este trabajo de apertura es el que apuntala ‘Principiantes’ de Carlota, pero también cumple con un propósito revelador a ojos de las grandes masas y es el de descubrir que la carne no se muere una vez sobrepasada la juventud.

La accesibilidad de estas prácticas es un elemento que María Paz Brozas, doctora en Ciencias de la Actividad Física en la Universidad de León, explora en distintas vertientes. «El cuerpo de las personas mayores contiene mucha experiencia, mucha memoria y también mucha energía», señala Brozas. En esos recipientes en los que se despedazan los recuerdos, también se construye una narrativa que fluye a través de la danza y permite otorgarle un significado más profundo al movimiento.

TECNOLOGÍA Y TÉCNICA

Pero, igual de importante es la integración que se produce sobre las tablas de la tecnología y los ancianos. “Es interesante ver cómo la gente mayor integra el WhatsApp, o una pantalla táctil; algo muy bonito de observar también en la danza”, apunta Cuevas. El gesto con el que se reúnen un cuerpo extraño, como un teléfono móvil, y una persona mayor genera una particularidad, una rareza que se ve a diario, pero hasta que no se expone en el lugar adecuado y se somete a la mirada correcta no es percibido con el valor que le corresponde.

«Nuevos horizontes»: En la misma órbita de ‘Principiantes’ hay dispuestos multitud de proyectos que tratan de crear apertura en los campos no solo de la danza, sino del resto de artes escénicas. Al calor de donde desaparecen los límites generacionales, sexuales, étnicos o de la enfermedad están proyectos como ‘+45’ de Sebastián García Ferro, que formó parte de la programación del Festival Internacional de las Artes en Movimiento de Tenerife. O ‘Puzzleatípico’ un taller amparado en el Leal.Lav que trabaja con enfermos diagnosticados con síndrome de Asperger, una manifestación de los trastornos del espectro autista. Todos ellos conforman un marco identificable hacia el que las artes se están dirigiendo continuamente, hacia los nuevos horizontes donde las posibilidades son infinitas. «Los límites los define cada persona, el grupo», explica Carlota Mantecón.

Mediante contrastes se teje una red de elementos cuyas bases prácticas siguen siendo las técnicas de danza contemporánea clásicas como el ‘contact improvisation’, ahora democratizadas, como recalca Mantecón. Esta modalidad “plantea un diálogo cuerpo a cuerpo donde la observación y la dinámica del peso de los cuerpos configura la danza”, comenta Brozas. Añade que, después de hacer un seguimiento en el tiempo de los pioneros de esta disciplina, algunos de ellos con más de setenta años ahora siguen ejecutando estas técnicas con agilidades distintas, pero con la misma destreza, para hilar “danza honesta en la que se comparte el movimiento a través del contacto”.

Un caso paradigmático de todo ello es el de la bailarina y coreógrafa Yvonne Rainer (San Francisco, 1934), una pionera en el campo que se mantiene todavía activa; de hecho, en junio de 2015, presentó en el MoMa (The Museum of Modern Art) uno de sus últimos trabajos “The Concept of Dust, or How do you look when there’s nothing left to move?”.

 Las propias limitaciones físicas, las taras de los cuerpos y los errores son elementos coreográficos de gran valor que describen el paisaje escénico que dibujan las personas mayores. Foto: Javier Pino.

Las posibilidades son elásticas y así lo demostraron las diez mujeres que formaron parte del proyecto de Carlota Mantecón, ‘Principiantes’. De hecho, este trabajo continuará en 2018 con más mujeres en distintos centros de participación ciudadana de La Laguna (Tenerife). Una vez descubiertos los márgenes del paisaje gestual de cada una de ellas, se dispuso un trabajo ejemplar que ahora se extiende y hace de la danza contemporánea una disciplina accesible.

La belleza de sus edades las convierte en paradigmas

del futuro próximo de las artes, más abierto y extensivo