La cultura occidental

y el mundo-red II

La irrupción del cristianismo revolucionará el Imperio Romano, esa influencia conllevará unas consecuencias imposibles de predecir en ese momento. Y central en esta nueva configuración, la aparición de la figura de Jesús de Nazaret supone un punto y aparte en la cultura occidental, a la que hay que añadir esa nueva cosmovisión judeocristiana frente al cosmos griego.

Como vemos, la historia no se deja reducir a ninguna opción maximalista: ni es sólo continuidad, porque en ella está continuamente surgiendo lo nuevo; ni es sólo ruptura, discontinuidad, porque, como nos recordaba el maestro Gadamer, siempre permanece más en el humus histórico de lo que aparentemente cambia.

Como escribí hace tiempo, en verdad, todo occidental es hijo de un judío sorprendente: Jesús de Nazaret. Más allá de las creencias personales, un carisma y un discurso que revolucionará nuestra mentalidad moral. Superar la vieja ley de la venganza, y comprender que no hay individuos: somos personas.

Jesús de Nazaret,

un punto y aparte en la cultura occidental

El mensaje cristiano va a transformar la ética griega: el amor invade nuestra sociabilidad con una fuerza como no se había visto nunca. Una época esclavista como el mundo antiguo, se ve sacudida en su núcleo: la lección y sus consecuencias tardarán siglos en llegar, pero serán inevitables. Un ejemplo: quien quiera ver cuándo comienza la sinceridad como estrategia literaria e ideológica, que lea las confesiones de S. Agustín.

En la nueva metafísica judeocristiana, la idea de creación (creatio ex nihilo) será la gran aportación respecto al mundo grecorromano. ¿Por qué? Xabier Zubiri lo resumirá de este modo:

«(La creación) ni es una acción ni es una emanación sino que rigurosamente es una creación, es decir, una acción que pone una realidad transcendente a Dios, quien ejecuta el acto creador. Y, como siempre cuando alguien produce una cosa, es que esa cosa antes no existía: es una creación ex nihilo sui, como dirían los teólogos»1.

Dicho de otro modo: para un griego la idea de creación era absurda y contradictoria; para el cristiano, con su filiación judía historicista, Dios se hizo hombre, y es el creador del mundo demostrando desde esta perspectiva, su absoluta contingencia. La época medieval había comenzado.


1 Xabier Zubiri (1997): Problema teologal del hombre: Cristianismo. Madrid, Alianza Editorial, Fundación Xavier Zubiri, 1997. P. 153.