La cultura occidental

y el mundo-red III

La época moderna tiene, según cada interpretación, varios comienzos: elegimos uno que implica un autor, un nuevo género, y sobre todo, un nuevo gesto; nos referimos a Michel de Montaigne, el ensayo y ese yo moderno que se va descubriendo en el propio proceso de escritura.

Ya nada será lo mismo: el genial francés en el s. XVI da apertura a un género que huye de las certezas, pero que es el catalizador de un yo que se quiere libre y que duda por ello mismo –hay otra modernidad que nace de un método y que es la cartesiana: ambas conviven durante su recorrido hasta hoy–.

La libertad moderna es implacable, tiene un precio: debe se conquistada por el sujeto individual, al igual que, políticamente, tendrá que serlo ante una monarquía absoluta que sólo admitía súbditos. El concepto de ciudadanía no fue un resultado pacífico, aunque nuestra sensibilidad se distancie de cualquier violencia social o política –sí, ninguna verdadera revolución pide permiso–, sino una larga lucha que se concretará en la Revolución Francesa como génesis de la política moderna.

Si en el mundo medieval se definía al hombre como una criatura de Dios, creado a su imagen y semejanza, y claramente posicionado en el orden de la naturaleza como cúspide de la creación divina, la modernidad irrumpe con una cosmovisión que sacudirá ese aristotelismo-ptolemaico que le servía de paradigma; de este modo, Copérnico, Kepler, Galileo, y finalmente, Newton, servirán de hilo conductor para un mundo mecanicista, en un sistema heliocéntrico –un virulento ataque al orgulloso geocentrismo del mundo antiguo y medieval–, donde los planetas giran alrededor del sol mediante elipses (rompiendo el hechizo del círculo que arrastraba la astronomía antigua), y que rompe la dualidad entre física terrestre y celeste, mediante una ley de la gravitación universal que explica toda la naturaleza, unificándola en una fórmula.

Ésta ya no habla con conceptos como sustancia y accidentes, ni con explicaciones religiosas basadas en una fe monoteísta: como dirá Galileo Galilei en su Saggiatore (1623): «La Naturaleza está escrita en lenguaje matemático».

La modernidad había comenzado