Lo veníamos avisando desde antes de la últimas elecciones autonómicas: un gobierno cuatripartito, supuestamente de izquierdas, sería un gran peligro económico y social para nuestra tierra.

El espectáculo ha comenzado por todo lo alto: El Gobierno Pinocho de Ángel Víctor Torres está superando todas las expectativas con sus mentiras, justificando cómo el gobierno centralista de sus compañeros socialistas no paga lo que debe a nuestra tierra –por favor: alguien debe decirle que no se puede ser tan adulón con el arrogante Pedro Sánchez; es literalmente sonrojante si uno se considera canario, más allá de tu ideología–.

Hoy nos vamos a fijar en la grandilocuente Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes que dirige María José Guerra: perdonen la nomenclatura oficial; ya es hora de denominarla por su verdadera gestión: La Política Atila de la Consejería del Caos Educativo.

El equipo de María José Guerra (filósofa que no practica lo que enseña) –verificado por fuentes internas que trabajan en la propia Consejería– tuvo la brillante idea de «echar» sin previo aviso, ni evaluación alguna a gran parte de los técnicos que trabajaban en los proyectos y programas que funcionaban desde hacía muchos años –algunos, de la anterior época de los propios socialistas–, y muchos de ellos con grandes resultados: practicando la «Política Atila», del peor sectarismo izquierdista, suprimen de forma inmediata y sin saber el qué casi todo aquello que había antes –está claro que a María José Guerra no le gusta Ortega y Gasset: ya avisaba éste que una de las lacras de la mentalidad y política española era el adanismo–.

No sólo eso, sino que en una de las medidas más corruptas moralmente que se pueden hacer, colocan a familiares, amigos y afiliados de sus partidos en cargos y responsabilidades para los que no tienen ningún perfil: la Política Atila de María José Guerra crea un caos educativo por su falta de inteligencia y sensibilidad.

Y todo con la complicidad de su viceconsejera de Educación, Universidades y Deportes, María Dolores Rodríguez (recuerden el nombre, se va a hacer famosa por su ineptitud y mediocridad), que nada más llegar empezó la política Atila colocando a todos sus amigos y cercanos en lo que llaman ya El Chiringuito Educativo Conejero. Mientras tanto, los sindicatos educativos empiezan ya a temblar: el caos del inicio de curso en los centros es impresionante e imposible de tapar.

Lo dicho, da vergüenza ajena: así es La Política Atila de la Consejería del Caos Educativo de María José Guerra.